Cultura Marcial

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Los Druidas

Ratio:  / 3
MaloBueno 
Antiguos creadores de
una religión no revelada.




PLEGARIA UNIVERSAL DE LOS DRUIDAS


CONCEDE, DIOS – DIOSA TU PROTECCION

Y CON LA PROTECCION, FORTALEZA

Y CON LA FORTALEZA, ENTENDIMIENTO

Y CON EL ENTENDIMIENTO, CONOCIMIENTO

Y CON EL CONOCIMIENTO DE LA JUSTICIA, EL AMOR

A ELLA Y CON EL AMOR A ELLA, EL AMOR A TODO

LO QUE EXISTE.

Y CON EL AMOR A TODO LO QUE EXISTE,

EL AMOR DEL DIOS Y LA DIOSA Y DE TODO LO BUENO.



BREVE INTRODUCCIÓN

Estos apuntes corresponden a una recopilación de diversos autores sobre el tema de los Druidas.

Estos escritores las más de las veces son contradictorios. Por una parte debido a sus fuentes, otras a las interpretaciones que ellos toman de terceros y por fin a todo el entorno esoterico que se le quiere dar al asunto en este tiempo “ NEW AGE” como han dado en llamarlo algunos.

Lo cierto es que aunque no todos hablen con certeza científica, los hay que hablan con certeza arqueológica.

Esta rama tampoco ayuda mucho porque los monumentos megalíticos (grandes piedras) atribuidos a los Druidas, podían no haber sido construidos por ellos. Nadie que tenga cierta ciencia puede atribuir algún grado de civilización 7000 años antes de Nuestro Señor Jesucristo. Menos aún a los pueblos Celtas que en mayor o menor medida fueron asentándose en Europa quiza en la época Neolítica.

No obstante trabajaremos y aplicaremos las opiniones sobre estos estudiosos también.
Recorreremos algún que otro autor del siglo pasado que son los primeros que se animaron a escribir algo sobre los Celtas, los monumentos megalíticos y su conección con los Druidas.

Aunque imparcial la fuente más fidedigna que poseemos son las descripciones de Julio César en su famoso libro “La Guerra de las Galias”.

En este libro Cayo Julio César, el conquistador de las Galias, hace un detalle pormenorizado sobre los Druidas y sus prácticas. Algunos griegos y romanos de los primeros siglos también nombran a estos sacerdotes Celtas, sobre todo por la crueldad de los sacrificios humanos que realizaban.

Para concluir podemos decir que hay aún muchos puntos oscuros sobre los Druidas, las piedras, los Mitos Celtas y sus derivados, sobre todo en el Norte de Inglaterra e Irlanda.

No nos olvidamos de Gales con su famoso Mito Arturico, leyenda Celta que se cristianiza a partir de la conversión de estos pueblos.

Por fin y como aseveración, quiza muy adelantada, podemos decir que pese a los intentos de restauración del Druidismo, este murió en el siglo IV de nuestra era cuando San Patricio hizo sonar su báculo Episcopal en el suelo de la Verde Erin y se precipitaron al mar las serpientes del paganismo.

En realidad era una feróz religión secreta trasmitida de boca en boca que no podía haber subsistido sin la escritura.

Era una creencia que agonizaba porque ya los romanos se habían encargado de perseguirla por lo cruento de su culto.

No obstante aún hoy y lo iremos viendo através de estas páginas, los Triskell, las Triadas de los Antiguos Dioses prepararon el terreno de la conversión de estos pueblos indoeuropeos cuyo origen aun hoy es incierta y tal vez la marea de los tiempos la halla sepultado para siempre.

ORIGEN DE LOS DRUIDAS

En primer lugar: ¿De dónde provienen los druidas discípulos de los magos? ¿Venían de Persia? Algunos lo han pretendido. Iniciados a sus misterios por la vieja Isis. ¿Llegaron de Egipto? Otros lo han afirmado. Por fin, ¿no fueron arrastrados hacia nuevas regiones por una oleada humana proveniente de la India, como consecuencia de unas fuertes tensiones internas? Esta es la opinión de la mayoría.

Ante la perplejidad de tener que elegir una de estas tres hipótesis, por qué no intentar compaginar las tres? La ruta de India a Germania y a Galia es larga, aunque debemos admitir que hubieron etapas entre el lugar de salida y el de llegada.

Los druidas, así como los celtas, se fueron de la India por un trayecto indirecto y finalmente abordaron Europa tras diversas estancias y trasbordos en Egipto o en Persia.

Admitido el hecho, reconozcámoslo en voz alta, los primeros llegados celtas sólo llevaron consigo, desde los bordes del Indo o del Ganges, unos sueños de
naturalismo peligroso, propagados fuera del templo por una cantidad de falsos doctores, en cambio, en ese templo mismo, o sea en las confidencias supremas de la iniciación, donde los druidas conocieron la verdad, la verdad verdadera respecto a la divinidad.

Su doctrina se apoyaba en esta triple: un dios único, la inmortalidad del alma, la recompensa o el castigo en la otra vida.

¿Qué nombre daban los druidas al Ser supremo? Lo nombraban Esus o sea el señor, o le designaban por el simple apelativo de Teut, que los pueblos germánicos llegaron a ser teutones, los hijos, los adeptos de Teut; hoy en día en la lengua alemana se les da el nombre de Teutsch o Teutschen.

Tres únicas máximas de gran laconismo componían la catequesis de los druidas: sirve a dios, abstente del mal, se valiente.

A la vez guerreros y pontífices los druidas, en el ejercicio de su sacerdocio militar, desplegaban toda la fuerza, todo el rigor y toda la autoridad que implica este acoplamiento de palabras.

Con todos los poderes en mano, hablaban en nombre de dios, gobernadores de los ejércitos, guardianes del tesoro público, y ejerciendo las funciones de jueces incluso las de médicos. Castigaban tanto la herejía como la insubordinación y ponían fin a los pleitos así como a las enfermedades, aunque era más a menudo por la muerte del enfermo que por la del acusado.

Los druidas adoptaron al roble donde el dios venía para manifestarse a los sacerdotes. Hoy en día se reconoce, se honra al roble sagrado. Poco tiempo después esta costumbre iba a invadir toda la Céltica.

En torno a este roble los druidas establecieron unos recintos sagrados donde sus familias se asentaron pues estaban casados; pero sólo podían tener una mujer a diferencia de los demás jefes, que solían practicar la poligamia.

Aunque se prefería al roble entre los demás árboles, éste no fue adoptado en forma exclusiva en todas partes. En Galia o en Italia preferían el haya o el olmo. Sobre todo en Galia se prefería el olmo, incluso en la Francia cristiana se siguió plantando un olmo delante de cada futura iglesia que se edificaba para asegurarse la presencia de Dios; y hasta el final de la Edad Media era debajo de un olmo que se rendía justicia.

Para los pueblos celtas druida significaba tanto “el que conoce” como “el que halla el roble”. Esto último tiene su explicación en que tanto druidas como druidesas hicieron de los bosques el centro sagrado, protegiéndolos con severos tabúes que proscribían causar cualquier daño a los árboles.

La función primordial de los druidas era la de “ordenar la sociedad”, tarea que desempeñaban a través de su enseñanza. Este ordenamiento sólo tendría sentido si al mismo tiempo forjaban un hombre nuevo.

Contrariamente a la opinión más común, los druidas no ejercían una función religiosa específica, aunque eran los encargados de mantener viva la antiquísima tradición sagrada. Esta tradición influenciada por la noción dualista, como tantas religiones, basaba simultáneamente su concepción del mundo y de la vida, de lo profano y sagrado, en el paso de los ritmos temporales a los espaciales. De ahí que desecharan la palabra escrita, puesto que la palabra hablada se inscribía no en la materia sino en el tiempo.

Tanto Julio César como otros narradores romanos adjudicaron a los druidas el manejo de las artes adivinatorias. En realidad eran expertos en botánica y en ornitología. Conocían las plantas saludables y las venenosas y eran maestros en el arte de curar. Observaban el vuelo de los pájaros y en razón de sus evoluciones extraían augurios. Según el testimonio de los romanos, magia, adivinación y profecía eran las artes que los druidas practicaban asiduamente.

Al contrario de la organización social romana basada en la servidumbre, la organización social propiciada por el druismo se basa en la libertad del hombre. En las Galias e Irlanda, la mujer era un elemento de la sociedad con los mismos derechos de los hombres.

La ciudad gala de Bribacte prueba que los druidas eran hombres civilizados poseedores de una cultura superior. Recientes excavaciones arqueológicas han dejado al descubierto una urbe perfectamente trazada, cuyo higiénico y racional diseño muestra unas calles anchas y rectas y casas de cuatro pisos que disponían de agua corriente y redes de evacuación de líquidos residuales.

Hemos dicho que los druidas establecieron el tabú de la escritura, y esto fue para evitar que su conocimiento fuera fácilmente destruible, como realmente aconteció con la evangelización cristiana de Irlanda. Pero césares, obispos y reyes, ignorantes de que en las piedras se depositaba el saber de los druidas, desdeñaron destruir los dólmenes y menhires. En esas grandes piedras, de las que hoy poco podemos interpretar, tal vez resida la esencia iniciática del druidismo.

LLEGAN LOS DIOSES

Desde la brumas de las islas desconocidas se ven las quillas de los barcos atracar en la frontera de Irlanda. Son los Tuatha de Danann (el clan de la diosa Dana), dioses antiguos que gobernarán la isla que denominarán Ulster los próximos miles o cientos de años.

La fecha es incierta. Los romanos aún no habían conquistado las islas británicas. Los Tuatha hacen sus primeros sacrificios en la verde colina de Tara.

Aquellos encargados de dichos sacrificios son unos venerables hombres vestidos de túnicas blancas y largas barbas que se denominan druidas. Son los maestros y guías espirituales de su pueblo.

Al ser más respetados que los reyes las batallas y duelos se interrumpían a su paso. No existían fronteras ni poblados que ellos no pudieran atravesar.

Al paso de estos sacerdotes cuyos terribles dioses protegían todos se inclinaban. Como la verde Erin (Irlanda) no fue conquistada por los romanos el druidismo se mantuvo hasta el 500 d.c. Es en este siglo que el gran San Patricio desembarca en Irlanda y comienza la conversión de los naturales al cristianismo.

Pero volvamos a los Danann. Estos semidioses, que algunos hacen provenir del cielo y no en barcos, son los que dan la estructura social a Irlanda.

Son los seguidores de la diosa los que dan su civilización a Escocia, la isla de Mann, uno de los pocos lugares donde el idioma gaélico aún se mantiene intacto aún con el paso de los siglos.

Los miembros del pueblo de la diosa Dann no fueron los primeros habitantes divinos de Irlanda. Tuvieron que luchar con la “Raza de Partholon”. Su jefe llegó, como llegan todos los dioses y todos los hombres según las ideas célticas, del otro mundo y se instalaron en Irlanda con un séquito de 24 varones y 24 hembras el día 1° de mayo, llamado “Beltaine”, sagrado para Bilé, el dios de la muerte.

Después vinieron los Nemed, los Fir Bolg y los Fomors. Estos dos últimos pelearon con los Tuatha de Danann, dioses de los gaeles.

Los relatos más antiguos hablan que llegaron del cielo donde en míticas ciudades (Findias, Gorias, Murias y Falias) aprendieron poesía y magia (dos cosas no muy diferentes para las mentalidades más primitivas).

De estas ciudades llevaron a Irlanda sus cuatro tesoros principales: desde Findias llegó la espada de Nuada, de cuyas estocadas nadie escapaba o se recuperaba. De Gorias, la terrible lanza de Lugh; de Murias, el caldero de Dagda; y de Falias, la piedra de Fal, más conocida como la “Piedra del destino” que más tarde cayó en manos de los primeros reyes de Irlanda.

Según la leyenda, esta piedra poseía la propiedad mágica de de lanzar un grito humano cuando la tocaba el legítimo rey de Frin. Algunos han reconocido en esta piedra maravillosa el mismo bloque tosco que Eduardo I trajo de Scone en 1300 y que colocó en la abadía de Westminster y que hoy día forma parte del trono de la coronación.

Pero como otras naciones, arias o no arias, los celtas tenían aparte de la mitología una religión. No basta con relatar hazañas de unos dioses neblinosos, hay que hacerlos visibles mediante esculturas, albergarlos en grutas, bosques o templos. Es preciso servirlos con rituales y propiciarlos con sacrificios si se desea obtener sus favores. Cada culto debía tener sus sacerdotes viviendo junto al altar.

A los sacerdotes de los celtas los conocemos por el nombre de “druidas”, palabra derivada de una raíz DR que significa árbol, especialmente el roble, en varios lenguajes arios.

Generalmente se piensa, aunque no opinen igual todos los expertos, que esto demuestra que prestaban una veneración particular al rey de los árboles. Es cierto que el muérdago, ese raro parásito del roble, sobresalía entre sus “hierbas de poder” jugando una parte importante en su ritual.

Por Julio César sabemos que los druidas galos creían que su religión originariamente de Britania y que enviaban a sus “estudiantes de teología” a través del Canal para aprender sus doctrinas en su fuente más pura.

Para buscar un culto antiguo hay que tomar a menudo un curso retrógado en la cultura, y fue sin duda en Britania que Plinio el Viejo dice “que podía haber enseñado magia a Persia”, donde los ritos primitivos y salvajes de los druidas de la Galia se conservaron en una forma todavía más salvaje y primitiva.
Es una curiosa corroboración de este presunto origen británico del druismo que los antiguos irlandeses también creían que su druidismo procedía de su isla hermana. Sus héroes y sus videntes son descritos como obteniendo sus más altos conocimientos viajando a Alba.Sea como sea, podemos asegurar que este druidismo fue la religión aceptada y reconocida por la raza celta.

Algunos expertos buscan más atrás sus orígenes apoyándose en unas oscuras supersticiones y ritos salvajes para mantener la estampa de unas mentes más inferiores que las de los poéticos y viriles celtas. Poco sabemos de la famosa enseñanza de los druidas, debido a su costumbre de no dejar que sus doctrinas se pusieran por escrito. Los romanos, al parecer, mantuvieron su sabiduría prudentemente disimulada por temor, aunque es posible que los druidas copiasen los conocimientos que tenían sobre la ciencia y la filosofía de la cultura clásica.

De todos modos es casi seguro que su creencia en la trasmigración de las almas no la tomaron de los griegos toda vez que aparece ya en los antiguos mitos gaélicos. No sólo el “cambio de forma” común a las historias mágicas de todas las naciones, sino también la reencarnación era un poder de los seres privilegiados.

El héroe Cuchulainn se vio impulsado por los hombres del Ulster a casarse porque sabían “que renacería en sí mismo” y no deseaban perder a un guerrero tan grande de su tribu. Otra leyenda habla del famoso Finn Mac Coul, según la cual volvió a nacer al cabo de 200 años como un rey del Ulster llamado Morgan.

Tales ideas, no obstante, pertenecían al aspecto metafísico del druidismo. Más importantes para la primitiva mentalidad práctica eran los rituales y los sacrificios mediante los cuales se convencía o impulsaba a los dioses a que concedieran mejores cosechas a la tierra y alargaran los días de los seres humanos. Entre los druidas, este afán de complacer a las divinidades adoptaba la forma de sacrificio humano.

Tenemos pruebas de costumbres igualmente terribles en la pagana Irlanda, según lo trascriben los monjes cristianos en sus escritos medievales. Estos sacrificios se daban en Magslecht (llanura de la adoración) en el condado actual de de Cavan en Irlanda. Su dios se llamaba Cromm Cruaich y su altar fue destruido con una maza afilada por San Patricio.

De acuerdo a los manuscritos citados, era sacrificado un tercio de los niños seguramente cada año para conseguir de las fuerzas de la naturaleza el grano y la hierba que las tribus y sus ganados necesitaban para subsistir. ¿Cuál era pues, esa deidad sedienta de sangre? Su nombre Cromm Cruaich, significa el “inclinado sobre el túmulo” y evidentemente le fue aplicado solamente después de su caída como dios. Se refiere la tradición según la cual a la proximidad del gran conquistador San Patricio, el “demonio” huyó de su imagen dorada que acto seguido se hundió en la tierra, como homenaje al poder que lo había superado.

Podría ser que la adoración en el estado celta fuese de carácter solar (y sobre todo lunar). Sus festejos principales estaban relacionados con puntos del progreso del sol, considerándose los equinoccios más importantes que los solsticios. Era en el equinoccio primaveral que los celtas llamaban “Beltaine”, con 19 años de intervalo, según sabemos por Diodoro de Sicilia escritor contemporáneo de Julio César, el mismo Apolo se aparecía a sus fieles y era visto tocando el arpa y danzando por el cielo hasta el jardín de las pléyades. Otro festejo importante era el de “Samahin”, el equinoccio de otoño. Igual que Beltaine señalaba el comienzo del verano, Samahin recordaba su final.

El solsticio de verano también era una gran festividad celta. Se celebraba a principios de agosto en honor al dios llamado Lugus por los galos, Lugh por los gaeles y Lleu por los britanos, el Apolo pancéltico y, probablemente, cuando decayó el culto al dios de la guerra la figura principal del panteón común.

Indudablemente era en Stonehenge donde se veía al Apolo británico tocando el arpa y danzando. Esta maravillosa estructura corresponde a la descripción que hizo Diodoro de “un magnífico templo de Apolo” que localizó en “el centro de Britania”. “Es un recinto circular, añade, adornado con ofrendas votivas y tabletas con inscripciones griegas, que los viajeros cuelgan de los muros. A los que rigen el templo y la ciudad se los llama boreadae (bardo), y se suceden en el gobierno según el orden de sus tribus. Los ciudadanos escuchan música, sones de arpa y cánticos en honor al sol”.

Stonehenge, por tanto, era un sagrado centro religioso que equitativamente reverenciaba y pertenecía a todas las tribus británicas, como una Roma o una Jerusalem pagana.

TIPOS DE DRUIDAS

Había cinco tipos de druidas:

Vacios: Se relacionaban directamente con los dioses.

Saronidos: Instruían a los jóvenes y enseñaban ciencias.

Bardos: Poetas y músicos que alentaban a los guerreros.

Adivinos: Predecían el futuro.

Causídicos: Arbitros y jueces en los conflictos.


Si bien no había ninguna ley que prohibiera a las mujeres iniciarse en estos conocimientos, se cree que las druidesas sólo aparecían en tiempos de guerra. Ellas eran curanderas y protectoras de los hombres en batalla.

Otros autores dividen en rangos a los druidas o hasta llegar a ser druida ya que la instrucción no duraba menos de 20 años y no todos llegaban a ser druidas, con lo cual podían quedarse en otras categorías que no por eso eran menores.

Rangos de aprendizaje:

Obydd (Vate): Rango inicial, algunas veces honorario. Estos estudiantes usaban túnicas verdes (el color de lo nuevo) y se instruían en lo básico del druidismo, así como también leyes, música, principios de magia, poesía, astronomía, herbolaria y botánica.

Beirdd (bardo): Vestían túnicas azules (el color de la verdad). Llegaban a ese rango luego de una prueba verdaderamente ardua, que por lo general consistía en una competencia mágica con algún otro estudiante. Estudiaban magia de mayor rango, música, bellas artes, filosofía, oratoria y en esta etapa aprendían versos, y por lo general también latín y griego.

Su misión era la de ir proclamando sus versos y la cultura céltica a lo largo de toda la Celtia. Podían tardar hasta 20 años en sus estudios, dependiendo de la inteligencia de cada uno.

El Derwyddon (deroouthon o druida): Usaba una túnica blanca (el color del espíritu, la sabiduría y el conocimiento).

Ellos eran sacerdotes, jueces, consejeros reales y populares, místicos, magos y profetas. Considerados como los más respetables de los tres rangos, se dirigían al pueblo una vez a la semana en el día del sol (origen del Sunday) y se paraban frente al sol, enfrente de dios y de la verdad.

Cuatro veces al año se juntaban con el pueblo para calmar las disputas entre las tribus y los individuos. Los druidas, a diferencia de los otros rangos conservaban un celibato sagrado por algunos motivos que la misma Iglesia Católica aceptó y asimiló. Los druidas tenían un jefe supremo dentro de su Hermandad, el cual era llamado Archidruida. Una vez cada tres años todos los archidruidas del mundo céltico (incluyendo los que vivían en lugares más apartados) se juntaban en el “ New Forest” de Cornwall, para discutir los implementos de la religión. Los archidruidas usaban una gargantilla de oro denominada Awmairgynn (aoomairrun) que según dicen las costumbres populares les ahorcaba en caso de hacer un mal juicio en contra de alguna persona que cometiera un crimen. Para llegar a ser druida ellos tenían que hacer la búsqueda de tres maestrías: la búsqueda y enfrentamiento del temor personal, la búsqueda del pasado propio y de sus vidas anteriores, y la del futuro personal. Después de esto se hacía un rito mágico lleno de “ILUMINACION”: los bardos, preparados con libaciones de mead y muérdago eran desvestidos. El archidruida hacía unos cánticos para llamar a la iluminación personal, posteriormente con sus hoces de oro desmembraban al bardo y su cabeza era colocada en un altar para que pudiera ver el rito. Se le abría el abdomen y se le introducían siete bellotas y una piedra azul de azulita, con la cual se le daba fuerza y sabiduría. Después el bardo regresaba del otro mundo para vestir la túnica blanca y portar la hoz de oro.

Un druida debe, ver todo, aprender todo y sufrir todo. Otros de los principales preceptos druídicos es el guardar un secreto. El druida que no lo hace, bien podría ser quitado de la orden.

En genral los preceptos y axiomas druídicos se encuentran en las tríadas. Por ejemplo, tres son las condiciones por las cuales un druida puede ser depuesto: por llevar a cabo un asesinato o guerra, por mentir o por develar un secreto.

Tres cosas que un bardo no debe de revelar: una verdad injuriosa, la ignominia de un amigo, los secretos druídicos.





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