Cultura Marcial

Renshinkan Dojo - Kendo Iaido

Los Ultimos Soldados

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Shoichi Yokoi

 

El 24 de enero de 1972, dos cazadores descubrieron y capturaron, mientras lavaba su ropa en el río Talofofo al pie de una cascada , a un soldado japonés que había estado escondido en las selvas de Guam desde que las fuerzas americanas tomaron la isla en 1944. Su nombre era Shoichi Yokoi, y el 21 de Julio de 1944, se había internado en la selva para evitar la rendición, en Septiembre de ése año se le notificó a su familia que había muerto en combate, estuvo allí desde entonces.

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Cascada en el Talafofo

Había sido enrolado en el ejército en 1941 y enviado a China nororiental y después a Guam, que había ocupado Japón durante la guerra, la mayoría de los 22.000 soldados que allí estaban murieron cuando los norteamericanos recapturaron las islas.


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Según los archivos de Guam (que había sido designada como Omiya-Jima por Japón), la unidad del sargento Yokoi se encontraba en las alturas de la región montañosa de Fena cuando los americanos desembarcaron en la noche del 21 de Julio en la Bahia Nimitz (Showa). Las tropas japonesas realizaron un ataque nocturno pero los americanos habían desembarcado tanques en la orilla y rápidamente pasaron a la ofensiva. En esta coyuntura la unidad de Yokoi enfrentó una situación en la que pronto sería obligada a luchar hasta el último hombre, algunos lograron escapar hacia la zona oriental de la bahía para luego reunirse con su fuerza principal en Agana (Akashi), Yokoi y otros ocho soldados se dirigieron a la zona del río Talofofo y se internaron en las montañas, allí se separaron para aumentar la posibilidad de obtener recursos.

Al principio estaba con otros dos soldados que a su vez se separaron cuando disminuyó la comida, Yokoi se quedó solo, pero se visitaban periódicamente. Ocho años antes de ser capturado los había visitado por última vez y los había encontrado muertos –“Yo creo que murieron de inanición”- dijo. Se guarecía en una cueva que había excavado en un bosquecillo de bambú, y se mantuvo con una dieta de nueces, mangos, papaya, anguilas, cangrejos, caracoles, y ratas.

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Vistas de la entrada de la cueva

Habiendo sido un aprendiz de sastre antes de la guerra, cuando su uniforme se deshizo pudo hacerse vestimenta y calzado usando corteza de árbol (Hibiscus) y cáscara de coco con agujas que hizo de sus uñas, y botones de madera que él mismo confeccionó. Hizo un calendario de un tronco de árbol, cada salida y puesta del sol, un día, cada luna llena, un mes; cuando lo descubrieron sabía que era 1972.

 

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Aunque había leído en una hoja impresa que la guerra había acabado, estaba determinado a evitar la captura hasta que el Ejército Imperial volviera. Una vez encontrado fue llevado al Guam Memorial Hospital donde los doctores que lo revisaron se sorprendieron al encontrarlo con buena salud. Su primera pregunta fue: "Dígame rápido, Roosevelt esta muerto?

Cuándo las noticias de su captura llegaron a Japón, se convirtió en un héroe instantáneamente. Fue repatriado el 2 de Febrero de 1972, en el mismo vuelo llegaron los restos de sus dos compañeros. Pidió especialmente devolver su rifle del ejército al “Honorable Emperador”, agregando- “Perdón, no he servido satisfactoriamente a Su Majestad”.

Iniciaba nuevamente su vida, en un país y en un mundo que él apenas conocía. Su país se había vuelto una nación con una fuerza de “autodefensa” limitada, en lugar de ejército y comenzaba a surgir como un poder industrial.

En la primera conferencia de prensa desde su regreso al hogar, rodeado por reporteros y fotógrafos, después de casi tres décadas en el completo aislamiento de la selva, parecía desorientado y era incapaz de contestar las preguntas que le hacían.

 Las personas le dieron regalos y donaciones que ascendieron a u 80.000, y llovieron las ofertas de trabajo y propuestas matrimoniales. Pero también había algunas voces que disentían. Algunos pensaban que con tantos hombres que no habían vuelto a casa de la guerra, por qué tanta atención estaba prestándose a un hombre? Otros encontraron su devoción al Emperador como anticuado y vergonzante. Algunos se preguntaron porqué, si fue tan buen soldado, no cometió Hara-Kiri cuando Guam cayó.

“Nos dijeron que prefiriéramos la muerte antes que la desgracia de ser capturados vivos, la única cosa que me mantuvo vivo fue la fe en mí mismo, y como soldado de Japón no sentí que fuera una desgracia continuar vivo”.

Él estaba sorprendido y un poco entristecido al ver cómo su país había cambiado desde que, más de un cuarto de siglo atrás, partiera en un transporte militar hacia la guerra, dijo: "Todas las glorias de la naturaleza que yo conocía desaparecieron, ahora, en el cielo nosotros tenemos esta cosa llamada smog, y en la tierra, los automóviles están matando a más personas que la guerra". Lo que más lo perturbaba eran las mujeres japonesas modernas. "Ellas son monstruos cuya virtud ha desaparecido y chillan como los monos. Antes de la guerra ellas eran, virtuosas y obedientes a las órdenes del hombre, de apariencia encantadora, dóciles y retraídas”.

 

Pasó a ser un comentarista regular sobre habilidades de supervivencia en programas de televisión, escribió un exitoso libro sobre su experiencia en Guam y en 1974 se presentó por un asiento en las elecciones parlamentarias, que no obtuvo.

Paulatinamente, sus compatriotas fueron olvidándose de él, compró una casa con el dinero de las donaciones. Se estableció y se casó con Mihoko Hatashin, a quien describió como una muchacha japonesa anticuada y buena.

 

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Murió el 23 de septiembre de 1997 de un ataque cardíaco, a la edad de 82 años


Hiroo Onoda


En su niñez, Hiroo Onoda sobresalió en el arte marcial del kendo, era un típico niño competitivo y luchador. Después de la escuela primaria ya demostraba aptitudes de ser un verdadero soldado de combate, fue entrenado en las fuerzas especiales. Su especialidad: la guerra de guerrillas. En su entrenamiento fue programado para pensar en forma diferente de los otros soldados. Al contrario de los otros que fueron adiestrados para quedarse en las trincheras de la primera línea, enfrentando la metralla y la posibilidad de volar en pedazos por una granada enemiga, Onoda fue especializado en sobrevivir por cualquier medio posible. Era como un espía. En su libro, “No Rendirse – Mi Guerra de 30 Años” , menciona que en las fuerzas especiales tenía que sobrevivir a pesar de todo, incluso al ser capturado, porque entonces podría dar información falsa para desviar al enemigo fuera del blanco. No importaba por lo que tuviese que pasar, había siempre algo bueno que él podría hacer para su país y para el Ejército Japonés.

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Onoda es muy conocido entre los japoneses como un héroe de guerra y como un símbolo del pensamiento japonés de “nunca darse por vencido”. Él soportó y luchó en la selva de las Filipinas durante tres décadas, mientras casi todos los demás volvieron a casa. Tenía sólo 23 años cuando la guerra acabó. Una de las últimas órdenes de su superior, el Comandante Takahashi, fue controlar la Base Aérea de Lubang en una misión de guerrilla, y no suicidarse, no importando que pasase. Onoda también afirma que el Comandante le dijo: "puede tomar tres años, puede tomar cinco, pero cualquier cosa que pase, nosotros regresaremos por usted" . (p.44). Como un buen soldado siguió las órdenes y vivió por estas directivas, pero Takahashi se fué y no regresó. Mentalizado en el Ejército japonés a vivir con honor y seguir las órdenes hasta el fin, nunca se rindió. No estuvo solo todo el tiempo, al principio eran cuatro, uno de ellos, el soldado Yuichi Akatsu se entregó al Ejército Filipino en 1950. El siguiente, murió nueve años después de que la guerra acabó, y el último de sus compañeros murió dos años antes de que Onoda saliera de su escondite.


Estaba tan bien entrenado que se negó a creer que los muchos intentos de rescate y los periódicos anunciando el fin de la guerra que se dejaron caer desde el aire, fueran realmente legítimos. Luego de que se entregara, Akatsu volvió a buscar a sus compañeros, pero ellos concluyeron que se había pasado al enemigo y se retiraron al otro lado de la montaña. A cada equipo de rescate que llegó cerca los vigiló como si fueran el enemigo y concluyó que eran americanos fingiendo. "... Yo me pregunté por qué no me dejaron algún binocular y un teléfono." “... La única explicación que podía aceptar era que a toda costa ellos querían impedirme salir de la selva" (p 187). Siempre que alguna prueba de que era un hombre libre llegó a sus manos,  encontraba una manera de convencerse a sí mismo y a sus compañeros de que todo era una farsa. Él explica este pensamiento escribiendo, "Si había algo que no encajaba con nuestras ideas nosotros lo interpretábamos para que signifique lo que nosotros queríamos que signifique" (p 128).
 
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Para comer ocasionalmente mataban alguna vaca que estuviese pastando en el área. También recogían cocos, nanka (una fruta), plátanos, mangos, y cualquier cosa que pudiera llegar a sus manos durante las cambiantes estaciones. La comida nunca parecía ser un gran problema. Cuando ellos no querían cazar “requisaban” los artículos de los campesinos e isleños. Así es cómo consiguieron sus utensilios, chaquetas, ollas, cacerolas, y a veces arroz. De vez en cuando irrumpían en las chozas de los granjeros para conseguir linternas, y a veces comida. En Junio de 1953 el cabo Shimada resultó herido en una pierna durante una escaramuza con unos pescadores, Onoda lo alimentó y cuidó de su salud, pero el 7 de Mayo de 1954 Shimada murió instantáneamente por un disparo efectuado por un grupo de búsqueda. Diez días después, más hojas impresas fueron dejadas caer y a través de un altoparlante les dijeron: “Onoda, Kozuka, la guerra ha terminado” . Claramente, este era otro truco de los americanos, estaban seguros de que la guerra continuaba y que podrían vengar la muerte de su compañero.


En 1965 requisaron una radio y pudieron escuchar las noticias, pero no creyeron nada de lo que se decía. Traducían las palabras de los comentaristas como mensajes de guerra. “Lo que pretendió ser una transmisión de Japón o Australia era, a nuestra manera de pensar, una cinta preparada por el enemigo y emitida con los cambios convenientes" (p.160).

Su estilo de vida era nómada, iban a algún lugar donde construían una choza rápidamente, en sólo unas horas, sabían cuando algo o alguien estaba cerca, tenían el sexto sentido de un soldado y eran rápidos sobre cómo conservar su propia vida. Se quedaban de tres a cinco días, luego partían hacia otro lugar, salvo en la época de intensas lluvias en que nadie entraba a la jungla y podían permanecer más tiempo en el mismo sitio. Onoda no menciona mucho sobre las confrontaciones con los isleños, pero según algunos artículos periodísticos, muchos filipinos denuncian en un manifiesto que mataron a algunas personas mientras vivían en la isla y están tramitando las indemnizaciones ante del gobierno japonés.


Una vez mientras estaba "requisando" comida en 1972, hubo una pequeña batalla en la que resultó muerto Kozuka. Después de veintiocho años de sobrevivir juntos, estaba ahora absolutamente solo. Así continuó hasta que el 20 de Febrero de 1974 un bohemio viajero llamado Norio Suzuki lo encontró. Suzuki, era un solitario cruzado que se había impuesto la misión de encontrar a este escurridizo soldado y la meta de llevarlo a casa. Mantuvieron una larga charla que duró horas y se hicieron amigos, pero comprendió que iba a tener que hacer venir a un superior militar a leerle sus órdenes finales. Suzuki se fue, prometiendo volver.

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Onoda Y Suzuki en su primer encuentro

Y lo hizo. El 9 de marzo de 1974 Onoda fue a un lugar convenido y encontró una nota de Suzuki, junto a ella había una foto que se habían tomado en su primer encuentro y dos órdenes del ejército. Al día siguiente decidió arriesgarse e inició una marcha de dos días para acudir a una reunión. Y allí estaba Suzuki, junto a uno de los que había sido su comandante superior, el Mayor Taniguchi, quién oralmente le dio su orden final: Rendir su Sable.
 
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Hiroo Onoda entrega su sable al Presidente Marcos

La guerra de treinta años de Hiroo Onoda había terminado. Volvió a Japón para ser recibido como un héroe, fue una sensación en los medios de comunicación y el público lo perseguía por todas partes.

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Pero su mente todavía vivía en el Japón de 1944 y no podía soportar los cambios que habían acaecido, después de publicar sus memorias se mudó a Brasil y compró un gran rancho ganadero donde llegó a  manejar aproximadamente unas 2.000 cabezas de ganado, se casó a una mujer japonesa y ha abierto un tipo de campamento de vida natural para niños en el norte de Japón. Aunque dijo que nunca volvería, fue a Lubang en 1996 y se encontró con una de las personas a las que había disparado (ellos se abrazaron). También donó u$s 10.000 en efectivo para la educación de los niños filipinos. Hiroo Onoda falleció en Tokyo el 17 de enero del 2014 a la edad de 91 años.


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Origen de la información:

Guam Police Department
Official Guam Records, World War II
Hide and Seek by Eric N.
Useless Information
Japan Interface
"Hiroo Worship." Time 25/03/1974
"Old Soldiers Never Die." Newsweek 25/03/1974
Onoda, Hiroo. No Surrender: My Thirty-Year War

 


 

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Argentina
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FUENTE: Investigación y
recopilación histórica de
OSCAR CIRONE


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