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Ibis

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¿Se ha Salvado de la Extinción el
Ibis Crestado Japonés?

Es un pájaro precioso sea cual sea el nombre que se le dé – se llama toki, en japonés; Nipponia nippon, en círculos académicos, y Crested Ibis en inglés. El toki está en peligro de extinción y ha dejado de volar por los cielos de Japón desde hace muchos años. Los grandes esfuerzos por recuperarlo dieron sus frutos en 1999, cuando nació un polluelo. Se trataba del primer polluelo criado artificialmente en Japón. En este artículo conoceremos los esfuerzos por salvar al toki.

Texto: Sanada Kuniko
Foto cortesía del Centro de Conservación del Ibis Crestado Japonés de Sado

Youyou (macho, izquierda) y Yangyang (hembra) son dos tokis donados a Japón por China en 1999. Son los padres de Yuuyuu, un polluelo nacido por incubación artificial.

El toki tiene una figura esbelta, un largo pico negro y bello plumaje. En el aire es incluso más bello, especialmente cuando los rayos del sol se reflejan en sus alas, subrayando sus encendidos naranjas rosados. Este elegante color, llamado toki-iro en japonés, ha sido verdaderamente admirado durante siglos.

El toki pertenece a la familia Threskiornithidae en la variedad Ciconiiforme. Su longitud es de unos 75 cm desde el extremo de su pico al de su cola, y tiene una envergadura de unos 140 cm. Suele anidar en grupos en los bosques y alimentarse en los campos de arroz y marismas, comiendo insectos en el verano y pequeños peces y moluscos en el invierno.

Hace años era un ave común en el Este de Asia. La palabra nippon, que significa Japón, fue añadida a su nombre, porque cuando comenzaron los debates sobre aves en los círculos académicos europeos, en 1800, se estudió el toki japonés. En 1992, la Sociedad Ornitológica Japonesa decidió el nombre científico de Nipponia nippon y lo anunció universalmente como su nombre oficial. Irónicamente, su nombre sólo comenzó a ser popular cuando este ave ya estaba en peligro de extinción. En la actualidad, el toki vive en su estado natural sólo en un lugar del mundo: en el Condado de Yang, Provincia Shaanxi de China.

A finales del siglo XIX, el número de tokis decayó en Japón debido a la caza indiscriminada y al desarrollo. Sólo quedaban algunos ejemplares a comienzos de 1930 – los informes indicaban una población no mayor de entre 5 y 20 ejemplares en la región de la Península de Noto, Prefectura de Ishikawa, y de 60 a 100 en la isla de Sado, Prefectura de Niigata. En 1952, el toki fue designado en Japón como especie en peligro de extinción, y como ave internacionalmente protegida en 1960. En esa época se establecieron en los pueblos de la isla de Sado comederos para aves y el Gobierno nacional compró tierras boscosas y les otorgó el rango de parques forestales nacionales para el anidamiento del toki. No obstante, a finales de los 70 quedaban menos de 10 ejemplares de toki en todo el país.

 

Arriba: Chikatsuji Koki, director del Centro de Conservación del Ibis Crestado Japonés de Sado, nos comenta: “Los tokis son muy nerviosos, pero se vuelven amistosos tras relacionarse durante un tiempo con la gente. Por naturaleza, son capaces de formar relaciones simbióticas con la gente.” En las jaulas que tiene detrás hay tokis.
Debajo: La gente viene a admirar estas aves. Lo más cerca que se puede llegar es hasta unos 20 metros – más cerca estos pájaros pueden asustarse. Se les puede observar con prismáticos. (Fotos: Sugawara Chiyoshi)
Derecha: Yuuyuu en una jaula.

Sado, una isla del Mar de Japón, fue su último hábitat en tierras japonesas. En 1967 se inauguró el Centro de Conservación del Ibis Crestado Japonés de Sado, en la localidad de Niibomura, con el fin de proteger y propagar esta especie. En 1981, fueron capturados los últimos cinco ejemplares silvestres y juntados con un ejemplar en cautividad, llamado Kin, para su reproducción artificial. Desafortunadamente, no surgieron polluelos y el único toki japonés que queda es Kin, que tiene ahora 35 años y, por lo tanto, fuera del ciclo reproductor.

Las buenas noticias, sin embargo, son que el toki fue redescubierto en China, cuando ya se pensaba que estaba extinguido en esas tierras. El Gobierno de China protegió la especie prohibiendo la tala de árboles y el uso de pesticidas en la zona, y tuvo éxito en reproducir las aves de forma artificial. En julio de 2001, la población ha reverdecido con unos 155 tokis en libertad y 175 en cautividad.

En 1999, China donó a Japón una pareja, llamados Youyou y Yangyang. Estos se convirtieron en los progenitores de Yuuyuu, el primer toki japonés nacido por incubación artificial. El polluelo fue motivo de grandes celebraciones en todo Japón y en poco tiempo se unieron las voces que solicitaban devolverlos al medio natural. Nacieron dos polluelos más en 2000; después, en 2001 otros 11, de dos parejas. Mientras se escribía este artículo (septiembre de 2002) la población de tokis en el Centro había aumentado a 25.

Confiamos en contar con 100 aves en cinco años”, nos comenta Chikatsuji Koki, responsable del Centro. “Si su población sigue aumentando según el plan, nuestro siguiente paso será desarrollar un medio natural para que vivan en libertad. También se encuentran trabajando con este objetivo otras organizaciones a nivel nacional, prefectural y privado. Somos optimistas y pensamos que el esfuerzo dará sus frutos.”

No obstante, este objetivo es difícil de cumplir. Los trabajadores del Centro no tienen tiempo para detenerse y admirar sus éxitos en la reproducción e incubación artificial. Se deben resolver numerosos problemas antes de que estas aves puedan volver a su medio natural, incluyendo lo relativo a su protección frente a sus depredadores, como las martas y los cuervos, el desarrollo de comederos, y su preparación para defenderse por sí mismos.

El Ministerio de Medio Ambiente puso en marcha un proyecto modelo de tres años para promover la relación simbiótica entre el ser humano y la naturaleza, así como estilos de vida sostenibles a nivel local. El proyecto, que concluye en 2002, promueve investigaciones sobre la forma de devolver el toki a su hábitat natural, así como estimula debates entre especialistas, representantes gubernamentales y residentes de las localidades. Los esfuerzos dirigidos a devolver a estas aves a su vida en libertad seguramente ganará apoyos, y la gente hoy en día se da cuenta de que un desarrollo desbocado produce estrés en los hábitats naturales. Cuando se recupere el medio natural, los japoneses y el toki vivirán una vez más en armonía.

Durante la estación de
reproducción (febrero a julio) las
plumas de la cabeza, alas y lomo
son de un color gris oscuro.


Derecha: Los empleados
proporcionan alimentos
líquidos a los polluelos a
través de un dispositivo
especial parecido a un
jeringuilla sin aguja.



Centro de Conservación
del Ibis Crestado Japonés
de Sado 
http:/www4.ocn.ne.jp/~ibis/ 
(Portal en japonés)

 

Gente que Desea Compartir Sus Tierras con el Toki

Los isleños de Sado miran a un futuro en el que los tokis vuelvan a sobrevolar sus cielos, y trabajan por un medio ambiente en el que el ser humano y el toki mantengan una relación simbiótica una vez más.

Fotos: Sugawara Chiyoshi

Los campos de arroz de Takano Takeshi están situados en la montaña, en la localidad de Niibo-mura. Constituían un comedero ideal para los tokis en libertad que solían anidar en las proximidades.

La recuperación de los campos de arroz
crea un comedero natural para los
tokis.

Takano Takeshi trabaja en una corporación del sector público que promueve la agricultura en la localidad de Niibo-mura, en la isla de Sado. Durante sus ratos libres es probable encontrarlo recuperando tierra abandonada para campos de arroz. Está intentando crear las condiciones idóneas para las especies de las que se alimenta el toki, como lochas y caracoles del río.

Su padre, Takano Takaji, ya ha fallecido, contó hasta 27 tokis una vez en 1931, en su campo de arroz en un área montañosa, y solía decir que el colorido de esas aves le hacía parecer como si todo el campo estuviera cultivado de peonías. Sin embargo, en los años 40 el hábitat forestal de las montañas había desaparecido y había muy pocos campos de arroz, que eran los comederos naturales de los pájaros. Por ello, su padre junto con otros lugareños, se dedicó a buscar comida para alimentarlos. Lo que encontraban lo esparcían en un campo de arroz. Takano nos cuenta que él se recuerda contemplando a los pájaros comer y después remontar el vuelo hacia sus zonas de anidamiento. “Fue entonces cuando, con toda mi ilusión infantil, decidí trabajar en su protección.” Ahora se encuentra recuperando campos de arroz en la zona, guiado por el deseo de su padre de ver de nuevo a los tokis en el cielo.

Sus trabajos han recibido el empuje de una ONG llamada Red para Comunidades Rurales Sostenibles, que trabaja en todo Japón protegiendo las zonas rurales ayudándolas a volver a su estado de naturaleza original.

Takeda Jun-ichi, director del secretariado de la organización, nos explica: “Cuando hablamos de comunidades rurales (sato-chi), así como de colinas y montañas (sato-yama), nuestro ideal es ver a la gente aprovechando el regalo de la naturaleza, viviendo en armonía con las criaturas silvestres. Una de las formas de conseguir una relación simbiótica con la naturaleza es cultivar campos de arroz y conservar las áreas forestales.

Los trabajos de conservación en Niibo-mura incluyen el esfuerzo de unos 30 voluntarios, la mayoría residentes en la isla. La colaboración con gente de fuera de la isla les ayuda a darse cuenta de las ventajas de una relación simbiótica con la naturaleza y aporta a estas localidades un mayor sentido del objetivo. Con la conservación, podemos asegurar que los tokis tendrán comida y transformarán las localidades en mejores lugares para vivir.”

Takano con caracoles del río de su campo de arroz. Los caracoles de agua dulce tienen una pequeña concha en espiral.

 

 

Recuperación de un campo de arroz abandonado. Muchos voluntarios han respondido a la llamada de ayuda solicitada por la Red para Comunidades Rurales Sostenibles. (Foto cortesía de Red para Comunidades Rurales Sostenibles)
Red para Comunidades Rurales Sostenibles:
http:/member.nifty.ne.jp/satochi/ (Portal en japonés)

 

El cultivo del arroz es bueno tanto para los humanos como para los tokis.

Kawakami Ryuichi, otro agricultor de Niibo-mura, ha venido cultivando arroz de una forma natural desde hace casi 20 años. Ahora está muy interesado en el cultivo sin arar el suelo. “Cuando veo campos de arroz sin arar llenos de lochas, medaka (pez de agua dulce muy pequeño) y caracoles del río en el agua, pienso: esa es la forma de hacerlo.”

 

El agua está llena de lochas.

 

El deja los campos de arroz sin arar tras la cosecha, y al año siguiente planta el arroz entre los rastrojos sumergidos del año anterior. Entre los rastrojos crecen algas del tipo oedogonium, así como otras plantas, que liberan mucho oxígeno en el agua y favorecen un medio ambiente ideal para las lochas y otros animales que sirven de comida a los tokis.

Al no arar, los campos son más fértiles y el arroz sabe mejor. No hay necesidad de gastar tiempo y energía arando”, dice Kawakami. “Es una situación favorable, una relación simbiótica: nosotros obtenemos un arroz de mejor sabor y el toki tendrá más comida.”

Este arroz se vende con la etiqueta Toki Hikari, y se distribuye entre aquellos ciudadanos que apoyan el objetivo de proteger las aves.

Plantas de arroz que prosperan en los campos que Kawakami Ryuichi (izquierda) mantiene libres de pesticidas y fertilizantes químicos. Tras la cosecha, mantiene los campos irrigados durante el invierno para incrementar la fertilidad del suelo y evitar que crezcan malas hierbas.

 

Los niños, la esperanza de un medio ambiente ecológico en el futuro

Los alumnos y profesores de la Escuela Elemental de Gyoya, cerca del Centro de Conservación del Ibis Crestado Japonés de Sado, están implicados en los esfuerzos por recuperar al toki, y la escuela se siente orgullosa de su intento de devolver los tokis a la vida natural. Los estudiantes han adquirido una mayor conciencia de los temas medioambientales durante sus clases y actividades organizadas por la asociación infantil.

A principios de septiembre, tras las vacaciones de verano, los alumnos de quinto y sexto grado van a los campos de arroz, con redes y cubos en la mano. Antes de las vacaciones se dejó agua en un campo a donde ellos están permitidos a entrar, con el motivo de proporcionar un hábitat favorable a diversas formas de vida. Ahora los niños van para hacer pequeños diques y retener el agua y observar qué tipos de vida existen, la futura comida de los tokis, y en qué cantidad. También toman parte en investigaciones organizadas por el Ministerio de Medio Ambiente.

Un alumno nos cuenta: “Trabajamos con la naturaleza para desarrollar zonas de comida para los tokis, preparándonos para los tiempos en que vuelvan a la libertad.” Otro, nos dice: “Confío en que un día haya tantos que se extiendan por otras islas de Japón”

Estos niños se sienten orgullosos de su comunidad y han aprendido la importancia de conservar el medio ambiente.

Niños de la Escuela Elemental de Gyoya cuentan y clasifican criaturas silvestres como parte de sus estudios. 

 Fuente: Revista Nipponia



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