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Gallos

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GALLOS

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Dos gallos en Kinpu, un compendio ilustrado sobre aves de finales del Siglo XVIII, editado por Hotta Masaatsu. (propiedad de la Biblioteca de la Prefectura de Miyagi)

 

 

Un ave sagrada y cronómetro, apreciada por su belleza

Texto: Imaizumi Tadaaki, zoólogo, Fotos: Kawanobe Hidemi 

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Los japoneses desarrollaron muchas variedades de pollos a partir de una variedad llamada shokoku. El Gobierno ha designado a 17 variedades, entre las que se incluye el shokoku, como especies protegidas.

 

La llamábamos Akamaru. Corría detrás de todo lo que se moviera, fuera un gusano o una persona, y después atacaba con su potente pico. En realidad, fue el único enemigo natural que tuve cuando estaba en la escuela. Solía pasear por los alrededores con una bara de bambú, metida en mi cinturón a modo de espada, y la espantaba con ella.

Compramos a Akamaru en el mercadillo de un festival de verano, cuando apenas era un polluelo. La idea era criarlo y obtener un huevo diario. Ganó peso rápidamente, pero entonces nos dimos cuenta de que se trataba de un gallo. Nuestro sueño de un huevo al día se vino a pique, pero como gallo fue un gran éxito - magnífica cresta, afiladas espuelas, espíritu de luchador y un potente ki-ki-ri-kí, capaz de despertar a todos los vecinos antes de amanecer.

En las ciudades japonesas, hace tiempo que no oímos cantar a los gallos. Pero, hace años la mayor parte de los hogares criaban pollos como fuente de proteínas, antes de que se produjeran de forma masiva en granjas, que eran importados fundamentalmente de Estados Unidos. Mucha gente criaba pollos, porque consideraban que su carne, llamada kashiwa en japonés, era de mayor valor nutritivo que la de vaca o cualquier otro animal, además de que las gallinas ponían huevos. No obstante, la realidad es que los japoneses en general no comían pollo antes del periodo Meiji, que comenzó en los años 60 del siglo 19. Anteriormente, los pollos existían casi exclusivamente como mascotas.

El pollo no es originario de Japón. Su ancestro, el ave de corral silvestre, vivió en los bosques desde la India hasta el Sudeste de Asia y fue domesticado hace unos 4.000 años. Parece que al principio los pollos fueron seleccionados por su carne y después por su fiereza en la lucha y su capacidad de señalar la hora. Se piensa que los pollos llegaron a Japón procedentes de China, aunque recientes estudios genéticos aseguran que algunos lo hicieron de Filipinas.

No sabemos la fecha de introducción del pollo en Japón. En escritos antiguos, de principios del 700, se cuenta la historia de la diosa Amaterasu Omikami, que se escondió en una cueva y rehusó salir de allí. La gente intentó hacerle cambiar de opinión llevándole gallos a la entrada de la cueva y haciéndoles cantar al unísono, avisándole de la hora. Se han encontrado huesos de pollo en excavaciones funerarias que datan de unos 300 años a.C., por lo que se asume que fueron introducidos en Japón algún tiempo antes.

En los primeros tiempos, los gallos eran considerados aves sagradas, especiales por ser capaces de indicar el principio y el fin de la jornada. La idea de que eran sagradas probablemente vino de China. En su origen, los gallos cantaban más alto y durante más tiempo que lo que lo hacen ahora. Cantaban tres veces al día - antes de amanecer, tras la salida del sol y antes de anochecer. Su horario era casi perfecto, por lo que obtuvieron una buena reputación como cronómetros. Cuanto más tiempo permaneciera cantando, más preciado era el gallo. En Japón se consideraba iniciado el día cuando rompía la luz y los gallos anunciaban el amanecer. Durante siglos, era común ver pollos alrededor de las casas.

También fueron admirados por su apariencia. A partir de la primera raza, traída de China por enviados en misiones comerciales en el Siglo IX, se fueron desarrollando nuevas variedades. Esta variedad, llamada shohoku, fue utilizada originalmente en peleas de gallos. Sus excelentes características - especialmente su voz y cola - fueron destacadas en sus siguientes cruces, como totenko y koeyoshi, conocidos por su largo canto, que duraba cerca de 15 segundos, así como los minohiki y ohiki, famosos por sus extraordinarias colas plumadas. La variedad nagaodori fue desarrollada a partir de una variedad que no mudaba las plumas de su cola.

Entre otras variedades introducidas desde China se encuentran los shamo, chabo y ukokkei. Estos fueron desarrollados en distintas bellas variedades y diseminados por todo Japón. Algunas de estas variedades han sido declaradas especies protegidas.

En mi casa, ese pequeño tirano llamado Akamaru pertenecía a la variedad leghorn, introducida en Japón a mediados del Siglo XIX. Un año, justo antes del primero de enero, desapareció. O quizás pasó a formar parte de nuestra comida de Año Nuevo.

 Fuente: Revista Nipponia



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