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Vida y Cultura en Japón

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Vida y Cultura en Japón - Una Guía Mes por Mes

Un entorno natural extraordinariamente variado, con cambios estacionales sutiles - cada estación en Japón es celebrada mediante actos especiales, además de festivales y costumbres que hunden sus raíces en un distante pasado. Algunos elementos y tradiciones culturales han venido de otros países y forman ya parte de la vida cotidiana japonesa. Para tener una amplia visión del presente y el pasado de Japón sólo tiene que ojear el calendario cultural japonés.

Texto: Torikai Shin-ichi, Sanada Kuniko, Sakata Shuji, Ogata Ritsuo y Wada Yasunari 


La naturaleza nos muestra sus cuatro caras.
Superior derecha: Las flores de la familia de las mostazas surgen por todo el país a comienzos de la primavera. Esta foto fue tomada en la Isla de Awaji, Prefectura de Hyogo.
Superior izquierda: Las nubes subrayan sobre el mar el cielo azul del verano, en la Prefectura de Nagasaki.
Inferior izquierda: Las hojas otoñales en Arashiyama, Kioto.
Inferior derecha: Cuando llega el invierno el Monte Fuji se viste de nieve. Esta foto fue tomada desde la vertiente de la Prefectura de Yamanashi. (Foto cortesía de Tankei y JTB Photo)

Primeras impresiones

Observando el cambio estacional
 Uno de los placeres sencillos de la vida

Texto: Kuroda Momoko, poeta de haiku  Foto cortesía de Kono Toshihiko y JTB Photo

Hay algo mágico en la contemplación del cambio en las estaciones, especialmente en cuanto que cada una muestra una cara particular de la naturaleza. Y se demuestra una especial alegría al darles la bienvenida con celebraciones tradicionales y cambios en la forma de vivir. La gran variedad del archipiélago japonés favorece el que las gentes del norte, por ejemplo en el distrito Konsen Genya de Hokkaido, contemplen unas estaciones muy diferentes a las de las islas subtropicales de Yaeyama. Sin embargo las actitudes y costumbres muestran que la mayoría del pueblo japonés comparte el mismo sentimiento ante los cambios de la naturaleza.

 El florecimiento de los cerezos anuncia la primavera

Los cerezos florecen en primavera y estos crecen en gran parte del país. Algunos cuentan con más de mil años de edad y otros apenas tienen la edad suficiente para florecer. Sus flores son llamadas simplemente hana, que significa flor - parece que no hay necesidad de decir de qué tipo de flor se trata, lo que demuestra hasta qué punto los japoneses aman el cerezo y consideran sus flores como propias. A lo largo del archipiélago los corazones laten más deprisa cuando comienzan a surgir sus pequeños brotes. La espera se hace interminable. ¡Qué placer ante los primeros florecimientos! Existen dos palabras para describir ese momento: hatsu-hana (primera flor) y hatsu-zakura (primer florecimiento del cerezo). Muy pronto, cerca de la quinta parte de los brotes se abren (nibu-zaki), después las tres décimas partes (sanbu-zaki). Cuando el florecimiento llega a su plenitud las familias, amigos y compañeros se aprestan para celebrar reuniones bajo sus ramas. Cada uno aporta algo para la fiesta. Siglo tras siglo, las cajas de comida especiales para las fiestas del florecimiento se han venido llamando hana-mi bento, y el licor hana-mi zaké.
Las féminas escudriñan cuidadosamente sus armarios antes de decidir cómo irán vestidas a las fiestas del florecimiento. La ropa tradicional probablemente sea algo pasado para estas ocasiones, pero la tradición de vestirse con especial cuidado sigue manteniéndose viva. La ropa adquiere un nombre particular en estas ocasiones -
hana-goromo. El ir a ver el florecimiento de los cerezos recibe el nombre de sakura-gari o hana-gari, palabras que indican la emoción del momento, ya que gari significa “perseguir”.

Existen diferentes maneras de gozar del florecimiento y son muchas las palabras de sonido placentero que nos recuerdan los momentos de admiración en su contemplación a lo largo del día. El amanecer se refleja de forma maravillosa en sus pétalos, dándonos el asa-zakura (flores matutinas). Los primeros comienzos del atardecer recrean un escenario particular, yu-zakura (flor de tarde) y, finalmente, la flor nocturna, yo-zakura, con yugen (apacible misterio). Para iluminar la belleza de las flores envueltas en oscuridad se encienden pequeñas hogueras en las cercanías de los árboles, hana kagari, permitiendo gozar de otro momento mágico de la naturaleza.

Combatir los rigores del verano y gozar el colorido del otoño a la manera tradicional.

Llegan los días cálidos y húmedos del verano, pero existen diferentes maneras tradicionales de recrear una atmósfera confortable: el tintineo de las campanillas furin meciéndose con la brisa; peces de colores sumergidos en un bol de cristal, y aguas regadas sobre el suelo del jardín y el piso del balcón. Las plantas y árboles de jardín prosperan con el calor, pero se puede combatir mediante sabias y antiguas costumbres. Los yukata de algodón, sin forro, son más frescos que sus más pesados primos, kimono. Los pies desnudos en las sandalias de madera, geta, alegran el ambiente con sus sonidos secos. En las zonas rurales contemplar y hacernos alguna vez con una luciérnaga son otros dos medios tradicionales de ayudarnos a olvidar el calor de las noches de junio.

Las furin son colgadas de las ventanas o las puertas para captar la brisa en el verano, produciendo un sonido característico que nos hace sentir un poco más frescos.

 

A mediados del verano, los cielos nocturnos se ven iluminados por los multicolores de los fuegos artificiales. La tradición de los fuegos proviene del periodo Edo (1603-1867) y en la actualidad se pueden gozar en las ciudades, pueblos y localidades de todo el país, con distintas variedades en cada lugar para competir. Estos actos concentran a grandes multitudes - vecinos, antiguos residentes de la localidad que regresan por vacaciones y turistas.

El archipiélago se ve decorado con cascadas, algunas majestuosas, otras insinuantes. Las Cascadas Kegon, en Nikko, y las Cascadas Nachi, en Wakayama, son quizás lo más representativo de los muchos lugares en los que los saltos de agua nos invitan a refrescarnos y recuperar energía. Las casas de té y las posadas tradicionales con sus vistas a los saltos nos ofrecen un descanso en nuestra rutina cotidiana.

Cerca está ya el otoño, otro momento para pensar en salir al campo y gozar de la naturaleza. Es el tiempo de celebrar los tonos rojizos y amarillentos de los arces y otras variedades de árboles. Ya no son las flores del cerezo, pero el sentimiento de espera es similar hasta que las colinas y los valles se ven poblados del colorido estacional. Los antiguos e históricos templos, así como los monasterios son los lugares preferidos por los viajeros al encuentro de ese momento especial cerca de antiguas estatuas budistas o encantadoras ilustraciones.

Las noches de otoño nos proporcionan el momento ideal para contemplar la luna y celebrar fiestas, o escuchar la gran variedad de cantos de insectos como el grillo, matsu-mushi y el suzu-mushi. Los aficionados guardan los suzu-mushi en pequeñas jaulas en casa, para poder gozar por la noche de uno de los más bellos sonidos de la naturaleza. 

Jardín Kenrokuen en Kanazawa, Prefectura de Ishikawa.
Superior izquierda de la foto: Trabajo con cuerdas
yuki-zuri para proteger el pino y sus ramas de las fuertes nevadas. Este área es conocida por su enorme volumen de nieve. Las cuerdas tensadas aportan un elemento característico al jardín tradicional, haciéndolo incluso aún más bello.

Sensaciones de temporada para el simple esparcimiento

No falta mucho para que los vientos del invierno preparen su llegada. Cada año da la sensación de que cae menos nieve, pero en las zonas norteñas del archipiélago y en áreas frente al Mar de Japón sigue cayendo suficiente como para proteger a algunos árboles de jardín de las futuras nevadas. Los trabajos con cuerda, yuki-zuri, sobre las copas de los pinos ayudan a prevenir su caída por el peso de la nieve, así como de que se quiebren sus ramas, al tiempo que conforman bellas formas artísticas. Un buen ejemplo de ello es el yuki-zuri en Kanazawa, donde las nevadas son copiosas. Hay pequeños barcos para gozar de una experiencia diferente con la nieve. Otro de los placeres de la época es el yuki-mi zaké (saké para contemplar la nieve). Las casas antiguas tienen shoji (puertas de corredera cubiertas de papel), pero el papel nos impide ver el exterior. Por ello, se suele poner cristal sustituyendo la parte inferior del shoji, aunque dejándolo cubierto - Cuando se desea ver el jardín y la nieve se descubre parcialmente el shoji del cristal. Este tipo de shoji recibe el nombre de yuki-mi shoji.

El estilo de vida japonés ha cambiado con los tiempos, pero en el fondo permanece la fuente de tradiciones y conocimientos que facilitan el gozo ante el cambio de las estaciones. Sakura- gari, yuki-mi shoji y muchas otras palabras que expresan la naturaleza en transición son palabras estacionales llamadas kigo.* Estas palabras se añaden a la riqueza de la lengua japonesa y dado que no son susceptibles de derechos de autor todos pueden utilizarlas en su escritura. A lo largo de los siglos las palabras kigo han sido utilizadas, pulidas y refinadas y aún en la actualidad poseen un encanto poético que añade color a nuestras vidas. Los libros de consulta, llamados saijiki, contienen una colección de estas palabras, catalogadas bajo diferentes clasificaciones, como la estación del año, astronomía, geografía, vida cotidiana, acontecimientos culturales, animales y plantas. A los poetas les gusta pensar que los saijiki son en realidad guías hacia la sensibilidad y el sentimiento del pueblo japonés. Desde cualquier punto de vista, aprender nuevas kigo le proporcionará una visión instantánea del modo de vida tradicional japonés.

* Las kigo son palabras estacionales utilizadas en la poesía haiku, así como en otras formas literarias, para crear imágenes y expresar emociones hacia cualquiera de las estaciones del año. Una kigo puede referirse a un fenómeno natural, el clima, un animal, una planta o alguna tradición, comida o bebida para una estación o mes determinado.



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Fuente: Nipponia – Editado por Cultura Marcial

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