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Hiroshima: relatos de sobrevivientes

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Continué Relacionando La Estupidez de la Guerra con La Dignidad de la Vida

Dedicar Mi Vida a la Abolición Nuclear
el Bombardeo Atómico no Pertenece al Pasado

La historia de Miyoko Matsubara

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 Cuando fui expuesta al bombardeo atómico tenía doce años, era alumna de 7º grado en la escuela. En el momento del bombardeo estaba a 1.5km del hipocentro, demoliendo las casas de madera como medida de prevención contra incendios con otros estudiantes. Yo fui una de los 50 que sobrevivieron al bombardeo, de los 250 compañeros de clase.

bulletEstudiantes movilizados para demoler las casas de madera


En la mañana del 6 de agosto de 1945, los cielos estaban absolutamente claros, y cuando el sol salió, la temperatura subió rápidamente. La alarma de advertencia de ataques aéreos comenzó a las 7:09 de la mañana y se detuvo a las 7:31 Los ciudadanos dieron un suspiro de alivio y empezaron a desmantelar los edificios como una precaución contra incendios. (Se desmantelaban edificios en filas designadas o bloques para hacer rutas de escape de fuego y salvar vidas durante los ataques.) Aproximadamente 350,000 personas estaban en la ciudad en ese día, incluyendo más de 40,000 militares.
No había vacaciones para los estudiantes durante la guerra. En ese día, un total de aproximadamente 8,400 estudiantes de la escuela secundaria varones y mujeres de 12 a 14 años estaban trabajando en seis sitios de demolición de edificios. Los niños de escuelas elementales entre 10 y 12 años fueron evacuados al campo como protección. Los niños más jóvenes entre 7 a 9 años permanecían en la ciudad con sus familias. Por consiguiente, los niños debajo de nueve años, las mujeres, personas débiles y ancianos mayores estaban en sus casas.
Por esos días un gran número de estudiantes varones y mujeres fueron sacados de la escuela como una fuerza obrera. Había 3.156.000 de ellos en marzo de 1945 Nosotros estábamos en grupos de cuatro personas, llevando tejas y pedazos de madera de las casas demolidas.

Una Bola de Fuego y Sonido Rugiente


De repente, mi mejor amida, Takiko, gritó, “oigo el sonido de un B-29.” Pensando que esto no era posible porque la alarma se había detenido, miré y allí, alto en el cielo, estaba la estela de vapor blanco arrastrada por el avión y vi un destello luminoso de su cola. Rápidamente me tiré a la tierra, oí un rugido indescriptible, ensordecedor. Mi primer pensamiento fue que el avión me había apuntado a mí.
No tengo ninguna idea de cuánto tiempo estuve así, pero cuando recobré la conciencia, la mañana soleada y luminosa se había convertido en noche. Estaba en medio de una llovizna polvorienta, densa, no podía ver a unos centímetros de mí. Takiko, que venía detrás de mí simplemente había desaparecido, no podía ver a nadie, entonces imaginé que quizás había sido despedida hacia otro lugar. Me sentía como aplastada contra la tierra, estaba tirada sobre mi lado derecho.

Quemaduras severas y la ropa arrancada


Me puse de pié, desconcertada. Miré mis manos, estaban quemadas e hinchadas tres veces su tamaño. Todo lo que quedaba de mi chaqueta era la parte superior alrededor de mi pecho. Yo misma la había teñido, me tomó un día entero. Lo había hecho con césped y verduras porque no teníamos ningún tinte. Mis pantalones de trabajo habían desaparecido, quedando sólo el cinturón y unos parches de tela. La única vestimenta que tenía era la ropa interior blanca sucia. El color blanco me protegió de la muerte. Como se sabe, el color negro absorbe la luz, y el blanco la refleja.
Comprendí que se habían quemado mi cara, manos, y piernas y se habían hinchado con la piel pelada y colgando en las tiras, estaba sangrando y algunas áreas se habían puesto amarillas. El terror me golpeó, y sentí la urgencia ir a casa. Empecé a correr fuera de la escena frenéticamente, olvidándome del calor y el dolor por todas partes.

Como si estuviera mirando una película… de terror


En mi camino a casa vi a muchas personas. Todos ellos estaban casi desnudos y se parecían a los personajes de películas de terror, con su piel y carne horriblemente quemadas y ampolladas. La zona alrededor del puente de Tsurumi estaba atestada de personas heridas, sostenían sus brazos extendidos delante de ellos, apenas les quedaba cabello Estaban gimiendo y maldiciendo con el dolor en sus ojos y las miradas furiosas en sus caras clamando por sus madres para que los ayudaran.
Yo estaba sintiendo un calor intolerable, por lo que bajé al río. Había muchas personas en el agua, gritando por ayuda. Los innumerables cuerpos muertos eran llevados lejos por el agua--algunos flotando, otros hundiéndose. Algunos cuerpos habían sido mal heridos, y sus intestinos estaban expuestos, tal vez habían sido arrojados por el viento de la explosión contra algo en el puente. Era una vista horrible, aún así tenía que sumergirme en el agua para salvarme del calor que me chamuscaba.

Yo podría haber salvado la Vida de Michiko


Mientras miraba esta horrible escena alguien me llamó por mi nombre. “Miyoko, usted no es Miyoko?” Pero yo no podía reconocer a quien estaba hablándome. Ella dijo, “yo soy Michiko”. Sus quemaduras eran tan severas que habían reducido sus rasgos faciales--los ojos, boca, y barbilla--a una pulpa. Noté que luminosas llamas rojas estaban ardiendo en el área de dónde había escapado. Temiendo quedar atrapados por los incendios subimos al banco del río ayudándonos mutuamente.
Cruzamos el puente, en el camino hacia la escuela las líneas eléctricas para los tranvías estaban cortadas y colgantes en la calle. Las ramas de los árboles habían sido arrancadas y esparcidas en pedazos. Los polos eléctricos estaban torcidos. Vi a muchos Hibakusha (víctimas directas de la bomba) arrojarse precipitadamente en los tanques de agua de prevención contra el fuego intentado beber, sólo para morir por agotamiento. Muchos otros amontonados encima de ellos estaban muertos también. Aquellos que estaban demasiado débiles para moverse se ponían en los lados.
Nosotros fuimos a otro puente. "Yo no puedo ir más lejos", dijo Michiko. Todavía ella estaba conmigo con sus ojos suplicantes para que la llevara. Yo no podía darle ni siquiera una gota de agua, teníamos que separarnos. Ella estaba muerta cuando sus padres la encontraron tres días después. Si alguien nos hubiera ayudado y hubiéramos tenido una estación de primeros auxilios cerca Michiko podría haber sobrevivido. Mi corazón se rasga con el pesar cuando pienso en ella.

Al borde de la Muerte


Nuestra vecina, la Señora Ayano Hamamura me ayudó a salir del infierno. En el camino me encontré con mi padre, él se ocupaba de reponer el agua en las auto-bombas, parecía sorprendido de verme. Me dijo: "no es nada serio, mamá está esperando por ti, ve a casa con ella." Y salió en la auto-bomba para la ciudad. Mi padre luchó contra el fuego en Hiroshima durante tres días. Entonces ayudó a cuidar a los Hibakusha en las estaciones de primeros auxilios y estaba comprometido incinerando los cuerpos. Entretanto él se encontró debilitándose.
Me dirigí a una estación de primeros auxilios, padecí fiebre alta, diarrea, vómitos, y encías sangrantes. La mitad de mi pelo se cayó, estaba al borde de la muerte. Las cicatrices de las quemaduras se extendían en mi cara, brazos, y piernas. Alguien me ayudó para que practicara la flexión de mis rodillas para que no se atiesaran permanentemente.
Después de siete meses de tratamiento pude caminar hasta un espejo. La primera vez que vi mi cara en el espejo me asustó, estaba desfigurada más allá de todo reconocimiento, no podría creer que era mi cara. Estaba llena de dolor. Mi madre lloraba y decía: "yo me debería de haber quemado en tu lugar." Viendo en mi madre tan profundo dolor tomé la determinación de nunca afligirme por mi destino en su presencia.

Los días miserables de Mi Juventud


Entonces volví a la escuela. Había sólo cincuenta de nosotros, de los 250 estudiantes. Aunque había padecido la bomba atómica no pensé en detener mis actividades, estudié con mucho empeño. Aunque esto no fue de ninguna ayuda a mis planes de tener un trabajo en un banco o cualquier otro tipo porque era débil y tenía quemaduras en mi cara. Las horribles quemaduras en mi cara me impidieron encontrar un trabajo después de la graduación. Tenía que superar el dolor de ser tratada como un proscrito por nuestra sociedad. Nadie se sentaría a mi lado o se casaría conmigo debido al miedo a la radiación.
En 1953 en Osaka sufrí doce operaciones en un período de siete meses. Como resultado, fui capaz de abrir y cerrar mis párpados y enderezar mis dedos corvos. Volví a Hiroshima, mientras deseando expresar mi agradecimiento.

Me Ajusté a la Sociedad a través de Actividades de Bienestar


El siguiente año, en 1954, comencé a trabajar cuidando a 30 niños discapacitados mentales huérfanos. Había unos gemelos que se decía que habían sido irradiados por la bomba cuando estaban en el útero de su madre, estaban mentalmente detenidos con un intelecto de un niño de dos años. Había algunos otros que eran demasiado pobre para atraer algún patrocinio. Yo trabajé ocho años allí.
Trabajar en el campo del bienestar social me ayudó a unirme con las personas en la comunidad de la manera más positiva. Gradualmente me hice popular allí. Ahora podía aceptar finalmente más fácilmente las cosas. Por esos días empecé a pensar en serio sobre la Bomba atómica. Comprendí que el enemigo real no era América, sino la guerra y las armas nucleares, yo estaba a favor de que las bombas artificiales, las Bombas atómicas y las armas nucleares, debían quitarse de las manos del hombre. También estaba a favor de que sólo con nuestra expresión continuada de odio hacia las armas nucleares, y sólo con nuestra condena incesante de este mal, podíamos nosotros los seres humanos evitar el comienzo de una nueva guerra, repitiendo la misma tontería. Yo decidí consagrar mi vida a la causa de la abolición nuclear.
En marzo de 1962 fui escogida como representante de Hiroshima para presentar en persona un mensaje de los sobrevivientes ante las Naciones Unidas, y a la 18ª Conferencia de Desarme en Ginebra. En el camino a Nueva York y Ginebra visitamos 14 países en cinco meses, incluyendo Bélgica, Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Alemania Occidental y Alemania Oriental y la Unión Soviética. Por todas partes apelamos por la prohibición de las pruebas nucleares.
Cuando volví a casa me entristeció la noticia de que mi hermano y su esposa habían fallecido.
Sus 3 niños, de 3, 5 y 9 años quedaron solos. Yo decidí criar a esos niños en lugar de mi hermano.
No habría noticias tristes hasta un año después, cuando mi padre murió debido a un cáncer de estómago causado por la radiación. Perdí a tres parientes debido al bombardeo.
En septiembre de 1988 tuve que tomar una licencia de cinco meses por enfermedad para operarme. Me puedo ver bien y saludable ahora, pero mis viejas heridas continúan lastimando todo el tiempo. La cirugía me dejó con dos pólipos en mi estómago. El doctor dice que estos pólipos necesitan siempre ser verificados. Temo que éstos puedan algún día degenerar en otro cáncer. Solo mi misión me ayuda a superar mi debilidad física. Continúo la narración de mi experiencia como una hibakusha, una sobreviviente, apelando por la abolición de armas nucleares y hablando sobre la tontería de la guerra y la preciosidad de la vida, a tantas personas como sea posible.

No puedo justificar el Bombardeo Atómico


Aunque la guerra acabó hace 53 años, para el HIBAKUSHA, el bombardeo no pertenece al pasado, ha continuado hasta el presente.
Cuando cuento mi experiencia de la bomba atómica, como una de los sobrevivientes, a más de 200.000 escuelas secundarias y estudiantes de la universidad, un total de 1.4 millones de personas que visitan el Museo Conmemorativo de La Paz de Hiroshima todos los años, yo les digo también sobre los crímenes de guerra de Japón en Asia.
Empezando en agosto de 1910 cuando Japón anexó a Corea, Japón privó a los coreanos de sus tierras, los recursos naturales, e incluso su idioma durante los siguientes treinta y cinco años. Japón no se ha disculpado todavía con el pueblo coreano por este horrible hecho. Privados de los medios de sustento, aproximadamente dos millones de coreanos fueron obligados a venir a Japón como una fuerza de trabajo. Ésta es la razón por la que hubo aproximadamente 10.000 víctimas coreanas de la bomba Atómica en Hiroshima.
Yo les digo a los estudiantes sobre los crímenes de guerra de Japón para permitirles saber que Japón fue ambos: el agredido y el agresor durante la Segunda Guerra Mundial. Al mismo tiempo, mi punto de vista es que la invasión de Japón en Asia no lleva a justificar por dejar caer las bombas atómicas.
El bombardeo atómico no debe categorizarse como un acto de guerra pues fue el comienzo de la edad nuclear que podría llevar al exterminio de la humanidad.

La humanidad y su posible exterminio


Hoy, la cantidad global de armas nucleares poseídas por los declarados cinco países nucleares. (Los Estados Unidos, Rusia, Francia, Gran Bretaña y China) es superior a 35.000. Esas cabezas nucleares son miles de veces tan destructivas como las que dejaron caer en Hiroshima y Nagasaki, capaces de aniquilar a los seres humanos muchas veces. Si se usasen esas armas nucleares, la humanidad desaparecería. Si esas cabezas nucleares fueran usadas, nadie gana la guerra y nadie pierde la guerra.
También nadie sería culpable de su agresión y nadie sufriría las tragedias. Nada quedaría en la tierra. El bombardeo de Hiroshima y Nagasaki es una tragedia que no puede verse desde el punto de vista de agresores y agredidos, los seres humanos tienen que aprender de HIROSHIMA y NAGASAKI como una lección para sobrevivir en el futuro.
Como todos saben, India y Pakistán realizaron pruebas nucleares en mayo de 1998, estimulando la creación y proliferación de armas nucleares. Aunque nos da una pequeña esperanza saber que Gran Bretaña anunció su plan de desarme nuclear, ellos no se desharán de todas sus armas nucleares.
Nosotros, los seres humanos, siempre tendremos la posibilidad de causar nuestro propio exterminio. Si no abolimos todas las armas nucleares sobre la tierra, no podremos esperar un futuro promisorio. Ahora estoy en el medio de mis sesenta años y físicamente debilitada debido a la enfermedad relacionada con la radiación, pero si mi condición de salud me lo permite, me esforzaré por la abolición nuclear. Así que, permítannos unirnos y trabajar arduamente por la paz mundial.
Finalmente, me gustaría hacer notar la inscripción en el Cenotafio Conmemorativo de la Paz de Hiroshima. Dice: " Permite a Todas las Almas que Aquí Descansen en Paz; Porque Nosotros no Repetiremos el Mal. " Ése es todo el espíritu.

Un desastre Más allá de la Descripción

 



La historia de Miyoko Watanabe

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Una intensa llamarada estalló en mí

 


El sol de mediados de verano ya estaba brillando en la mañana del 6 de agosto de 1945. Después del fin de la alarma de ataques aéreos, todo regresó a la normalidad, con todos ocupándose de sus cosas. Era un lunes y la Japan Steel dónde yo me había movilizado como obrera voluntaria estaba cerrado. Iba hacia la sucursal del correo en Miyuki-bashi bajo el sol abrasador, como ya no podía soportar el calor decidí volver a casa para sacar mi sombrilla. Estaba casi por abrirla en el umbral cuando una intensa llamarada estalló en mí. Parecía como si los tanques de gas en Minami-machi, al el otro lado del río, hubieran explotado. La llamarada era de un color anaranjado amarillento, sólo como la luz del magnesio pero centenares de veces más intensa. Instintivamente me arrojé dentro de la casa y me puse cuerpo a tierra, como habíamos practicado en los simulacros de evacuación.
Se puso oscuro y se oían horribles sonidos de estallidos y sacudidas rechinantes. No sé cuánto tiempo estuve inconsciente, pero cuando abrí mis ojos vi que todo había sido destruido hacia el oeste, salvo la fábrica. Pensé que una bomba había caído allí en la fábrica. Me sentía aliviada por encontrarme viva y al mismo tiempo afligida con el horror.

 

Vi a mi madre como una criatura no terrenal

 


Caminé hacia afuera, encontré que el cielo claro y azul se había puesto oscuro como si estuviera en el crepúsculo. El polvo en el aire bloqueaba la vista hacia el río. El lugar estaba lleno de un olor indescriptible. Recomponiéndome, miré atrás, a mi casa, para ver si mi madre estaba bien. Su pelo era un enredo y estando de pie en el fondo; sus labios estaban resquebrajados y sangraba de la cabeza; ella estaba de pie allí como una criatura no terrenal. Entonces vi a mi hermano más joven que se tambalea sobre con su kimono de algodón blanco empapado con sangre. “¿Están ambos bien?” pregunté. “Esa es mi sangre. Él no esta herido,” contestó mi madre.

 

Los dedos de mi madre quedaron paralizados

 


Notando manaba sangre profusamente de su muñeca derecha entré rápidamente en la casa para conseguir un equipo de primeros auxilios. Las puertas se habían caído y el yeso de la pared también, revelando detrás los marcos de bambú enredados. Esforzándome a través de los escombros alcancé el armario finalmente y saqué el equipo de él. Rocié el hemostático en la cara de mi madre y fijé su brazo derecho con una tela triangular y un palo para detener el sangrado. La llevamos en una camilla al Hospital de Ayuda Mutua dónde el doctor cosió los cortes en sus labios, mandíbula y hombros. Pero no hizo nada para su muñeca herida, según él los primeros auxilios ya habían sido dados. Debido a esto, tomó un tiempo largo antes de que la herida mejorara, y los dedos pulgar e índice quedaron paralizados. Mi madre falleció en enero de 1995.

 

Un bebé alimentándose del pecho de una mujer muerta

 


También recuerdo la vista de una mujer que estaba muerta en una casa por la ribera del río, un pedazo de vidrio expulsado por la explosión pasó a través su cuello, debe de haber cortado la arteria. La sangre se esparció alrededor de ella que había estado amamantando a su bebé. El bebé todavía estaba absorto chupando el pecho. Había un estudiante escolar que fue quemado severamente sobre el cuello salvo la cima de su cabeza que había sido protegida por su gorra de combate. Estaba caminando descalzo diciendo: “Por favor denme agua, tengo calor, tengo calor…” Su uniforme escolar estaba quemado y en jirones. Por allí venía un grupo de personas con sus caras y ropas quemadas hasta ennegrecer; casi desnudos y quemados más allá del reconocimiento. Venían tambaleándose mientras balanceaban sus brazos extendidos en el aire delante de ellos, como los fantasmas; algunos tenían sus pantalones de trabajo completamente quemados excepto los cordones elásticos; otros tenían toda su ropa quemada salvo la parte delantera. Todos clamaban: “¡Agua! ¡Denme agua!” Su carne expuesta, supurante, despellejados y con la piel colgando de las yemas de los dedos como algas….

 

El cuerpo de mi Padre completamente quemado

 


Llevé a mi hermano menor al refugio antiaéreo. La atmósfera dentro era temerosa. Una madre sostenía en sus brazos a su bebé de 18 meses que parecía muy pálido y casi inanimado. El bebé dejó de respirar después de un rato. Mi padre regresó con su cuerpo completamente quemado. Él había estado ocupado en el trabajo de demolición de edificios cerca del Hospital de la Cruz Roja. Conseguí una botella de aceite de cocinar en alguna parte y se lo apliqué a sus quemaduras, estábamos rodeados por otras personas que también padecían quemaduras y el aceite duró poco tiempo. Vimos el corazón de la ciudad quemarse, mientras eructaba olas de humo negro.
Un soldado vino a anunciar que una estación de primeros auxilios había sido instalada en Miyuki-bashi. Mi padre fue a recibir el tratamiento para sus quemaduras allí y fue llevado directamente a Nino-shima, nunca le debimos haber permitido ir solo, todavía me siento plagada de remordimiento. Yo llevé a mi madre y mi hermano menor a un lugar llamado Tanna en una carreta. Al lado del río había personas sentadas quemadas, agachadas como bultos, no podría decir si estaban vivos o muertos.
Un olor poco familiar estaba flotando en el aire alrededor del Hospital de Ayuda Mutua. Los cuerpos muertos se amontonaban en la orilla del camino. Aunque parezca extraño nunca sentí la dignidad de la vida tan en serio como lo hacía ahora, al enfrentarme con tantas muertes. ¿Mi mente había dejado de trabajar después de experimentar tal súbito ataque por la bomba?
Traje a mi padre de vuelta a casa de Nino-shima el 8 de agosto. Las moscas pululaban sobre él debido al olor de sus quemaduras y el ungüento blanco que le dieron. Tomó algún esfuerzo mantener la peste lejos.

 

Gusanos que se arrastran encima de los cuerpos quemados

 


Había una estación de primeros auxilios dónde los heridos graves se colocaban en esteras de paja, delirantes, rogando por agua. Aquellos quemados en la parte de atrás boca abajo, y aquellos quemados en su parte delantera boca arriba. Ellos no podían moverse ni siquiera para cambiar de posición. Sus heridas y quemaduras se cubrieron con innumerables moscas que ponían los huevos allí. Esos huevos se transformaron en gusanos y éstos se arrastraban por sus cuerpos causándoles una agonía infernal. Pedazos de vidrios rotos se habían clavado en la boca de mi mamá.

 

Pedazos de vidrio rotos en la boca de mamá

 


Una semana pasó, y el doctor nos dijo que quitáramos las puntadas de las heridas de mi madre nosotros mismos. Yo cuidé de eso. Ella decía que sus labios y mandíbulas se sentían dormidas. Cuando examiné entre su labio inferior y la encía descubrí un pedazo de vidrio del tamaño de una uña, continué examinando y mis dedos detectaron cinco pedazos más, y luego otros dos, aunque ella me dijo que me detuviera porque no se sentía bien. Esos pedazos de vidrio se habían clavado en su boca por la explosión, cuando llamaba a mi hermano.

 

La muerte de mi Padre

 


Mi padre pidió agua. Sabiendo que él se moriría si bebía demasiado sólo le di una taza diminuta. Lo hice porque quería que sobreviviera. No estoy segura si hice lo correcto, y mi corazón sufre siempre que pienso en él. En el día de la rendición de Japón, él masculló: “Japón perdió la guerra.” Murió dramáticamente el día siguiente, quejándose del frío.

 

Demasiadas muertes entorpecieron mis sentidos

 


Hace cuarenta y tres años su muerte no me hizo sentir esta tristeza. Mis sentidos se pueden haber entorpecido en ese momento después de enfrentar tantas muertes. Una sola bomba infligió tan tremenda agonía y dolor en las personas aquí. Muchos murieron y la ciudad se redujo a cenizas. Sin poder manejarlo, más allá de lo que podían resistir, las personas perdían el sentido común.

 

Los horribles efectos tomaron la vida de mi hermano

 


El daño causado por la bomba no se confinó solo a aquellos que realmente fueron expuestos. Las personas que no tuvieron ninguna lesión, por ejemplo aquellos que fueron cerca del hipocentro para buscar a sus niños, sufrieron una fiebre alta y les salieron manchas purpúreas en el cuerpo, fueron enloqueciendo, y murieron uno después del otro durante los seis meses siguientes al bombardeo. Mi hermano mayor contrajo repentinamente leucemia y se murió muchos años después de esa experiencia terrible, cuando casi nos habíamos olvidado de ello. Yo padecí la diarrea durante algún tiempo hasta finales de agosto. Nunca he olvidado cuanto calor hacía aquel día.

 

Contar mi historia es mi misión por la paz

 


No es fácil para mí hablar sobre mi experiencia como una sobreviviente de la Bomba atómica. Para mí es como lavar mi ropa sucia en público. Pero aquí estoy, contándoles, porque realmente quiero que todos ustedes recuerden que la paz que tenemos se ha logrado hoy a través del sacrificio de esas personas que fueron matadas implacablemente sin recibir una gota de agua para apagar su sed. Para que la paz sea duradera, permanente, quiero llevar el corazón de 'Hiroshima', esperando que lo que yo hago sea como ondas pequeñas que crecen en olas grandes y en un mar de fondo.

 

 

El horror Nuclear y la bomba atómica

La vida de Yuriko con "Microcefalia"

La historia de Kunizo Hatanaka



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El día 6 de agosto de 1945 yo tenía treinta años y estaba en la región de Shikoku (uno de las cuatro islas principales de Japón) para luchar en una batalla, mi esposa, de 26 años, estaba sola con nuestro pequeño bebé en casa en Hiroshima.

El 6 de agosto 1945, mi esposa embarazada se expuso a la bomba.


Ese día mi esposa fue movilizada, en mi lugar, para destruir una vecindad de casas de madera (las casas de madera se incendiarían fácilmente ante un ataque aéreo). Estaba con nuestro pequeño bebé de sólo un año y se expuso a la Bomba atómica a 730 metros del hipocentro. Aquí permítanme decirles en detalle cómo era la situación cuando la bomba atómica fue dejada caer. De nuevo, en la mañana del 6 agosto de 1945, mi esposa estaba trabajando con los hombres del barrio y uno de ellos, preocupado por mi esposa porque estaba embarazada y trabajando con su pequeño bebé, le sugirió tomar un descanso en una choza cercana. Así que ella se dirigió a la choza y simplemente después de que entró, la bomba atómica explotó. La choza se sacudió por la explosión, afuera anocheció de repente. Se quedó allí, acurrucada, y vio que gradualmente afuera se ponía más luminoso. Incluso después de que la bomba explotó sentía miedo pensando que quizás dejarían caer otra más. Como se puso más luminoso vio a muchas personas que corrían lejos. Empezó a correr con ellos pero no entendía a donde corrían, realmente no había ningún lugar adonde ir.
Mientras corrían empezó a llover y notó que la lluvia era negra (la lluvia negra incluye la radiación). Entró en una choza cercana a esperar que la lluvia cesara y se dio la vuelta para ver pequeño. Se asustó al ver así que el bebé estaba sangrando de la cabeza. Una cabina telefónica cercana había volado por la explosión y pedazos vidrios estaban clavados en su cabeza. Ella empezó a quitar los pedazos de vidrio, entretanto dejó de llover y regresó a casa. Vio que todo había desaparecido, incluso la casa. Pasó dos días en una cueva de evacuación y luego fue a la ciudad de Otake, su ciudad natal. Todavía es una sorpresa grande para mí saber que algunas de las personas que fueron dañadas directamente en el bombardeo pudieran sobrevivir mientras que algunas personas que habían parecido quedar ilesas después murieron. Yo sé que aunque tales personas parecían ilesas al exponerse a la radiación después desarrollaron enfermedades.
Una semana después del bombardeo mi esposa empezó a mostrar algunos síntomas de enfermedad de la radiación como ampollas en su parte de atrás, diarrea, sus dientes se caían y siempre sintiéndose cansado. Pasó días en la cama. También debido a la radiación, su pelo comenzó a caerse y quedó calva. Después de algunos días yo regresé a mi casa de Shikoku. No había ningún trabajo claro en tal situación, pero tenía que trabajar para ganarme la vida, así que abrí una barbería..

El 14 de febrero de 1946, nació Yuriko.


El 14 de febrero de 1946, mi esposa dio a luz a mi hija Yuriko. Cuando ella nació parecía un bebé normal. Aunque era un poco más pequeña que otros bebés, parecía estar bien. Sí, ella nos parecía estar bien a nosotros pero no a la partera que ayudó en el nacimiento. Por alguna razón ella no nos dijo inmediatamente si el bebé era un niño o una niña. Más bien nos dijo: “Por favor, tengan un buen cuidado de su bebé."
Cuando creció, Yuriko empezó a mostrar algunas señales de ser diferente de otros bebés. Incluso a la edad de un año ella no podía gatear o caminar. Nosotros nos preocupamos mucho, pero mi abuela nos animaba diciendo: “no se preocupen, ella empezará a gatear pronto." Sin embargo incluso a la edad de dos años, no podía hacerlo. Y todavía a la edad de tres. Gradualmente, comenzamos a preocuparnos en serio por ella. Quisimos llevarla al doctor, pero no podíamos permitirnos el lujo porque estábamos en una condición financieramente seria. A la edad de 6, cuando los niños ordinarios entran en la escuela elemental, Yuriko no podía ir a la escuela porque no podía cuidarse. Por ejemplo, ella no podía ir al toilette sola. Ni siquiera fue a la escuela un solo día. Sin ir a la escuela, pasaba los días leyendo libros visuales y comiendo dulces.

La Microcefalia victimó a mi hija y el cáncer se llevó la vida de mi esposa.


Un día, un grupo de estudiosos y doctores vino a nuestra casa. Uno de los doctores examinó a Yuriko y la diagnosticó como microcéfala. El doctor sabía que la enfermedad era causada por los efectos de la radiación, y también que debido a la enfermedad sería retrasada mental. Sin embargo, no mencionó nada sobre la radiación y sólo la diagnosticó como "microcéfala." Nosotros continuamos creyendo que Yuriko se mejoraría pronto.
Once años habían pasado desde el bombardeo y un día nos visitó una persona de una compañía cinematográfica y pidiendo tomar un video de Yuriko. Al final de ese año tuvimos la oportunidad de mirar el video "El Mundo en el Miedo" y nos asustamos al saber que la enfermedad de la microcefalia (*) era causada por la radiación. Ustedes ven, nosotros nos pasamos 11 años sin saber sobre eso. (Ahora 48 personas padecen la microcefalia)
Después de algunos años mi esposa comenzó a sufrir un dolor en su cintura y piernas y fue al doctor. Él la animó a que tomara un examen completo. Entretanto, las rodillas de mi esposa se volvieron más y más débiles. Finalmente resultó que había desarrollado cáncer de hueso. (El cáncer de hueso es una enfermedad que adelgaza progresivamente los huesos.) Su condición continuó empeorando y un día, el 26 de diciembre de 1978 falleció, muy silenciosamente.

Los sufrimientos que Yuriko experimentó a pesar de nacer después del bombardeo atómico.


Finalmente, lo que yo quiero decir es: la guerra es miserable. Ustedes ven, si una persona muere directamente por la bomba atómica, murió y ya; todos nosotros tenemos que morirnos algún día, de alguna manera. Sin embargo hay personas que tienen que sufrir durante años después de las guerras, aunque ellos no se exponen directamente a la radiación. Incluso los bebés que no nacen en el momento del bombardeo tienen que sufrir después de que nacen. Ellos, también, tienen que sufrir durante muchos años. Nosotros, los que los cuidamos, también sufrimos.
Por eso nosotros tenemos que abolir las armas nucleares. Tenemos que hablar con las generaciones jóvenes sobre la miseria de las armas nucleares. Realmente tenemos que hacerlo. Nunca es bastante que sólo las víctimas entiendan lo miserable que es la guerra. Si permitimos que una vela se apague y nunca encendemos otra, el fuego se apagará y nunca volverá a existir. Igualmente, nosotros no debemos abandonar nuestro deseo por la paz. Yo espero sinceramente que ustedes continúen pasando “nuestro fuego”, nuestro deseo por la paz, no importa lo que pase, a la próxima generación y para siempre.

La referencia: Microcefalia


En 1946, algunas mujeres que fueron expuestas relativamente a la radiación cerca del hipocentro durante el embarazo, dieron a luz a bebés con las cabezas pequeñas. Fue encontrado que algunos de los bebés tenían un retraso mental severo. Esta condición es denominada "microcefalia". Estos casos de invalidez sucedieron cuando las mujeres embarazadas se expusieron a la radiación estando en un período de gestación de 8 a 25 semanas (sobre todo de 8 a 15 semanas) porque en esta fase el cerebro fetal está particularmente sensible a la radiación.

 

 

Yo desearía que él hubiese sobrevivido...

Los días inolvidables con Kentaro.

La historia de Kanji Yamasaki

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Mi casa estaba donde hoy se erige el Parque Conmemorativo de la Paz de Hiroshima.


Por esa bomba atómica, yo sufrí más de 70 lesiones graves en mi cuerpo, 19 miembros de mi familia y parientes perdidos, y sobreviví durante años sin ninguna ayuda salvo la comida. Pienso que fue un milagro. Tenía entonces 17 años, y mi casa estaba donde hoy se erige el Parque Conmemorativo de la Paz de Hiroshima, estábamos 8 personas viviendo alegremente allí incluyendo a mi madre, a mí y otros 6 parientes que escapamos de Nagoya.
Diré lo que pasó y lo que yo vi durante 3 días a partir del 6 de agosto de 1945, dónde el Parque de la Paz esta ahora. Debo explicar lo que era el parque y sus alrededores antes del bombardeo.

Los Días felices que pasé con Kentaro.


El edificio que nosotros llamamos ahora “de la bomba atómica” estaba cercano al hipocentro cuando arrojaron la bomba, fue inaugurado como El Edificio de Promoción Industrial de la Prefectura de Hiroshima el 5 de agosto de 1915. Era muy moderno durante ese tiempo y era el símbolo del desarrollo de Hiroshima como una ciudad moderna. El Parque de la Paz se localiza por el río Motoyasu aproximadamente a 70 metros del domo. Originalmente Hiroshima fue creada alrededor de 7 ríos y el delta formado por ellos, y el lugar dónde el Parque de la Paz esta hoy era un área con las calles muy transitadas, muchos burdeles y tiendas y era el centro de cultura para el pueblo del castillo desde el 1600.
El río de Motoyasu que corre en el lado este del Parque de la Paz estaba ocupado con muchos barcos cargados con la leña y carbón, verduras y arroz de río arriba. Los tripulantes venían a tierra para ir de compras, las personas eran activas, y esto era típico para Hiroshima. Cuando la marea bajaba los niños iban a la playa y jugaban juntando camarones y peces pequeños. Este pueblo alegre vino estar bajo la amenaza de los B-29 (el bombardero americano), todos los días en 1945 y la comida era muy escasa. Pero bajo estas duras condiciones yo estaba disfrutando de mi vida, porque mi primo Kentaro de 12 años que había venido de Nagoya estaba allí, éramos como verdaderos hermanos y mi vida estaba plena a pesar de las penalidades.

El 6 de agosto. Después de la llamarada, quedé sepultado bajo el edificio escolar derrumbado.


Yo estaba enseñándoles a 343 jóvenes estudiantes de la Segunda Escuela Secundaria Júnior de Hiroshima ( actual Escuela Secundaria de Kannon) que era mi “Alma Mater”, como maestro suplente desde abril. En ese día, todos ellos fueron convocados para desmantelar los edificios alrededor del lugar donde el Museo Conmemorativo de la Paz de Hiroshima esta hoy. Salí de mi casa antes de las 8:00 para hacer algunos papeles en la escuela, que estaba aproximadamente a 1500 metros del hipocentro. Llegué a la escuela, tomé la llave en la oficina y fui arriba... UNA LLAMARADA!.... estaba aplastado bajo el edificio escolar el siguiente momento. Estaba totalmente oscuro y no importó con cuanta fuerza intenté mover mis brazos y piernas, nada se movió. Justo debajo de mí un maestro estaba gritando “¡Ayuda!” Podía oír, sentía que el cuerpo estaba allí y podía sentir el calor del fuego. No puedo recordar nada en absoluto de las siguientes 2 a 3 horas. Debe de haber sido alrededor del mediodía cuando finalmente volví en mí, tenía el sol del pleno verano en mi espalda. Comencé a subir despacio mirando fijamente. ¿Dónde estaba? Me volví para mirar a mi izquierda y vi a un bebé totalmente quemado, ennegrecido, al lado de mi pierna izquierda. Una madre estaba sosteniendo el cuello del bebé, ella estaba rojo-negra y parecía horrible. Todavía recuerdo claramente qué blanco parecía su pecho. ¿Tal vez el bebé estuvo aferrándose a ese pecho hasta que murió? 10 o 12 animales pequeños que se parecían a monos estaban revolcándose. Los miré de cerca y vi que sus ojos habían estallado, estaban haciendo balancear sus largas lenguas en el aire, los intestinos estaban colgando afuera y algunos estaban intentando volverlos a poner en su estómago. Finalmente comprendí que eran seres humanos porque intentaron hablar. "Denme agua, agua", gimieron. ¿Eran realmente humanos? Dos cosas como fantasmas pasaron ante mis ojos. Rojo-negruzcos y muy delgados; eran personas totalmente desnudas. Era imposible distinguir entre hombre o mujer. Uno estaba intentando cubrir el frente de su cuerpo con un plato de estaño quemado, quizá una mujer? Ambos estiraban los brazos delante de sus pechos; la piel de sus caras y brazos colgaban balanceándose en el aire. Me desmayé, deseando que todo eso fuese un sueño.

7 de agosto. Desesperado regreso a casa.


Desperté con el alba. Creo recordar que fuegos azules estuvieron volando en el aire toda la noche (Me dijeron que era el fósforo de los huesos quemándose). Alrededor de mí se esparcían cuerpos muy quemados. No había muchas personas caminando. Lo primero que pensé fue en mi familia. Todavía Hiroshima estaba totalmente cubierta de un humo negro que se elevaba. Podía ver la Isla de Nino Shima delante de mis ojos. También podía ver otras Islas y naves. ¡Supe que mi casa estaba abajo, quemada, pero pensé que si volvía a la casa, mi dulce madre y Kentaro regresarían también! ¡Vamos a casa! Entonces noté que mi pierna derecha no me respondía en absoluto. Así que pensé en encontrar algo para apoyarme pero no había nada, todo estaba quemado. Pero mi voluntad era fuerte, me arrastré hacia mi casa.
En Hiroshima hay muchos ríos, por consiguiente también hay muchos puentes. Los puentes en el centro de la Ciudad se habían derribado, todos quemados, por lo que rodeé el puente de Ogauchi y finalmente alcancé el puente de Aioi. El puente de Aioi estaba inclinado y era peligroso cruzarlo. Alcancé el lugar donde el Parque esta ahora. Numerosos cuerpos estaban flotando en el río Motoyasu, incluso hoy todavía puedo oír sus lamentos pidiendo ayuda. Por fin llegué a mi casa, pero nadie estaba allí y todo lo que vi era un campo cubierto con innumerables cuerpos. Había 5 o 6 cuerpos quemados amontonados en la misma dirección. Ellos habían estado intentando arrastrase hacia un tanque de agua (en esos días en Japón en cada calle había un tanque lleno de agua para impedir que el fuego se extendiera), mi corazón se rompió al ver que 4 o 5 de ellos estaban con sus manos negras estiradas hacia el tanque. Silencioso, un mundo infernal muy silencioso. Nadie vino a ayudarme. Yo no había bebido ni comido desde el día anterior, me colapsé allí mismo.

8 de agosto. ¿Es humano? - Una escena increíble.


¿Estoy despierto? Pensé que estaba muerto. Estaba aquí en el Parque, ayer estaba lleno de cuerpos rojo-negruzcos, pero ahora eran todos blancos bajo el sol del mediodía. El dolor estaba en todo mi cuerpo y me preguntaba si todavía me dolería después de muerto ¿Qué eran esas cosas blancas? Me arrastré hacia ellos y me espanté, eran gusanos en los cuerpos quemados que simplemente habían salido en una noche. Incluso en las personas caminando, los gusanos estaban colgando de los ojos, boca y orejas, y una por una las personas se derrumbaban. Quizá la de ese mediodía haya sido la vista más miserable que ha estado ante mis ojos. Los soldados comenzaron a quemar los cuerpos con madera y aceite. Yo me arrastré lejos del fuego, sin esperanzas de vivir, sin ninguna fuerza, simplemente esperando morir.
Todavía no había recibido ninguna ayuda, pero pasado el mediodía oí un sonido crujiente, miré y vi a mi primo Kentaro que caminaba hacia mí. Tenía algunas heridas en la boca pero su cara parecía sana. ¡Un ángel en la Colina! Comencé a sentirme mejor. Él estaba en la escuela cuando explotó la bomba, a unos 800 m del hipocentro, escapó a través de la ventana junto con otros. Su padre que vino a Hiroshima para encontrar a su familia llegó después y ellos regresaron a Nagoya ese día. Yo no tenía fuerzas para ir con ellos. Sólo cuando supe que Kentaro estaba vivo y bien pude continuar. Después de eso intenté todo lo posible por sobrevivir, sólo para verlo de nuevo.

Mi vida y Hiroshima después del bombardeo.


Pasado mediados de Agosto las personas se preguntaban, cada vez que se encontraban: “¿usted no está perdiendo el pelo?”, casi a modo de saludo. Nunca oí un saludo tan horrible en la historia. Alguien totalmente vivo y bien ayer, de repente pierde su pelo, y dentro de 2 o 3 días, se muere con una extraña enfermedad. En ese momento, un rumor se estaba extendiendo en Hiroshima. Los Estados Unidos dejaron caer una bomba muy grande que contenía un gas venenoso sumamente potente. Nada crecerá en Hiroshima durante los próximos 75 años. Claro, las personas nunca podrán vivir aquí. Cuando este rumor fue dicho, mis amigos y parientes murieron uno por uno. Yo estuve allí en el Parque durante días, muy, muy cerca del hipocentro. Debía de haber inhalado mucho de ese gas. ¡Día tras día, tiraba de mi pelo, OH, Dios! No se cayó nada hoy, pero... ¿cómo será mañana? Estaba viviendo bajo un miedo constante. Era principio de octubre cuando supe que Kentaro había muerto.
Él regresó a Nagoya con su padre y después de 3 días comenzó a sangrar de sus encías y a tener fiebre alta, y aparecieron unas manchas rojas en su cuerpo. Al día siguiente, su pelo quedó pegado a la almohada y se puso totalmente calvo. Lo llevaron inmediatamente al hospital de la universidad, pero en sólo 20 días, el 26 de agosto, él expiró, pronunciando mi nombre. Realmente creo que es un milagro que yo haya sobrevivido por más de 50 años, todavía hoy, cuando me lavo la cara, me sorprende hallar que mi pelo no se ha caído.

 

 

Mi mayor gratitud al maestro que salvó mi vida

Superar la agonía y vivir intensamente.

La historia de Taeko Teramae.

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Cuando cayo la bomba tenía 15 años, estaba en tercer año de la escuela secundaria, trabajando como una estudiante movilizada en la Oficina de la Central Telefónica de Hiroshima a 500 m del hipocentro. El hipocentro es un punto en la tierra que queda directamente debajo del centro de una explosión nuclear. Los estudiantes que trabajaban en la Oficina estaban divididos en tres grupos, comenzaban a las 7, 8 y 9 de la mañana. Yo estaba en el grupo A que comenzaba a las 7. Debido a que la bomba se dejó caer a las 8:15 a.m. del 6 de agosto, apenas debería haber sobrevivido, sin embargo sólo sufrí algunas lesiones serias.
Los estudiantes del grupo B que comenzaban a trabajar a las 8 estaban reunidos afuera y la mayoría de ellos murió quemado.
Los estudiantes del grupo C cuyo trabajo comenzaba a las 9 estaban camino a la Oficina y debido a que ésta estaba cerca del hipocentro, muchos de ellos desaparecieron y el resto fue quemado severamente. Ahora permítanme contar en detalle sobre el grupo A. Éste se subdividió en tres equipos, Cuando la bomba estalló el equipo 1 estaba tomando un descanso en un cuarto. Yo oí que muchos de ellos están ahora en buenas condiciones. El equipo 2 ya estaba trabajando como operadores, usando los auriculares conectados, cuando la bomba estalló todos ellos recibieron un shock eléctrico que los quemó hasta la muerte. Yo estaba en el equipo 3, parados en el corredor, esperando tomar nuestro turno.

Palabras de estímulo en la tragedia.


Era un día bonito en la mañana del 6 de agosto de 1945. Miraba al cielo a través de las ventanas cuando vi algo brillante cayendo. Creció más y más grande y cada vez más brillante. Y simplemente cuando estaba pensando sobre lo que era, estalló con una llamarada. La llamarada fue tan fuerte que pensé que mi cuerpo se fundiría. Poco después la luz disminuyó y se volvió completamente blanca alrededor del lugar. Miré alrededor y oí un sonido rugiente de la tierra temblando. Entonces se puso oscuro de repente y quedé atrapada por las ruinas de los edificios derrumbados. Me desmayé.
Cuando volví en mí oí sonidos de destrucción y voces que venían de muchos lugares. “¡Mamá, ayúdame! ¡Mamá!” “¡Estoy herido, mamá!” Después de un silencio oí la voz de mi maestra, la Srta. Wakita. Ella dijo, “¡Todos, resistan! ¡Todos ustedes son jóvenes, así que resistan!” Animados así por la Srta. Wakita nadie más pidió por la madre o por ayuda. No podíamos hacer nada mientras escuchábamos el sonido de la destrucción.
Pronto descubrí que había algo arenoso y viscoso en mi boca y mi ropa estaba mojada sobre mi piel. No supe lo que estaba pasando debido a la oscuridad, pero después me di cuenta de que estaba muy profundamente cortada en la cara y en la boca y que mi ropa estaba mojada con sangre.
Intenté salir de las ruinas muchas veces, finalmente pude liberarme. En la oscuridad me arrastré hacia la escalera de escape pero había mucha tragedia. La escalera estaba cubierta con centenares de cuerpos de estudiantes muertos, muchachas de los grupos voluntarios y obreros. Pensé que no podría bajar. ¿¡Qué yo debo hacer!? Entonces miré hacia afuera y me espanté con la escena. Había pensado que la oficina de teléfonos era el único edificio dañado, pero realmente había muchos otros edificios destruidos por la bomba. Se puso más oscuro afuera y edificios mayores como el Banco de Japón, la Compañía Eléctrica y el Ayuntamiento, todos ellos estaban envueltos por el fuego. Debido a las llamas estaba misteriosamente luminoso. Incluso los árboles grandes estaban completamente carbonizados, sin ninguna hoja ni ramas. Los postes eléctricos se habían caído y los alambres esparcidos por todas partes. La ciudad entera estaba en un mar de llamas.
No había tiempo que perder, estaba desesperada por escapar, salté desde el segundo piso. Sin embargo, las llamas estaban en todas direcciones y no sabía adónde ir. Finalmente descubrí que las Montañas de Hijiyama en el este no estaban en llamas, intenté darme prisa hacia las montañas mientras tropezaba por encima de los postes eléctricos caídos, alambres y madera ardiente.
A pesar del mar de llamas, corrí hacia las montañas, corrí por mi vida. En el camino al banco de un río, me sentí aliviada y miré atrás, vi que el fuego se extendía por todas partes y estaba a punto de alcanzarme. Me aterroricé y comencé a correr nuevamente sin volver a mirar hacia atrás.

Finalmente llegamos a la orilla.


A lo largo de la orilla del río vi miles de personas heridas pidiendo ayuda. Su pelo se había caído y la piel quemada colgaba en tiras de sus cuerpos. Ellos estaban gritando en la otra orilla, sosteniendo sus manos arriba, no entendí lo que estaban diciendo. Entonces me asusté al ver que el puente que estaba intentando cruzar ya estaba ardiendo y además el río crecía. Me di cuenta de que los heridos pedían ayuda a las personas del otro lado. En ese momento comencé a preocuparme por mi cuerpo, mi cara estaba hinchada y estaba perdiendo la vista.
Entonces, uno de los obreros de la oficina se me acercó y dijo, “Estas terriblemente herida”. El hombre sacó sus cigarrillos y puso algunos de ellos en las heridas diciendo serían eficaces para detener la hemorragia. Cuando él me estaba atendiendo, mi maestra, la Srta. Wakita se acercó y me dijo, “El puente se está quemando y tenemos que cruzar el río, puedes nadar?” Yo contesté, “Sí”. Era afortunada de haber jugado siempre en el río. La Srta. Wakita me dijo, “Bien, cruzaremos el río, yo sostendré tu brazo”. Así que empezamos a cruzar, sin embargo en el medio del río, yo no podía ver nada y estaba a punto de desmayarme. La Srta. Wakita dijo, “¡Resiste! Estamos cerca de la orilla. Resiste!” Ella me animó mucho y finalmente llegamos a la orilla. Si la Srta. Wakita no me hubiera ayudado yo habría muerto, como centenares de otras personas. Pienso que debe ser muy duro cruzar un río sosteniendo a una persona herida. Yo no puedo ayudar pero quiero expresar mi más profundo agradecimiento a la Srta. Wakita quien salvó mi vida.
Llegamos a la orilla y nos dirigimos hacia la estación de primeros auxilios en las Montañas de Hijiyama. Durante nuestro camino muchas personas heridas tironeaban de mis pantalones diciendo, “¡Por favor ayúdame!” , “Por favor llévame con mi madre", y “Dame un poco de agua”. Como perdí la vista, no sabía lo que estaba pasando, le pregunté a la Srta. Wakita. Ella me dijo que los estudiantes que habían sido quemados en el bombardeo estaban gimiendo por el dolor, rogando por ayuda en el ardiente camino.
Finalmente llegamos a la estación de primeros auxilios, había innumerables heridos, sin embargo estaban parados en línea para recibir tratamiento. La Srta. Wakita me puso en la línea y dijo, “ayudaré a otros heridos. Por favor espérame aquí”. Entonces regresó a la ciudad en llamas. Antes de que ella volviera, fui tratada y llevada a la Isla de Kanawa donde el ejército tenía una base para los pacientes terminalmente heridos. Esa fue la última vez que vi a la Srta. Wakita. Ella nunca regresó.

Devastada, con mi cara completamente desfigurada.


En el hospital de la Isla Kanawa quedé en una cama con mi cuerpo completamente vendado, exceptuando la nariz y la boca. Desde que llegué al hospital, no podía darme cuenta de cuándo era de día y cuándo de noche.
Como no podía ver nada debido a las vendas, no podía entender lo que estaba pasando a mí alrededor. Varios pacientes, estudiantes movilizados, murieron uno después del otro llamando a sus padres.
Recuerdo a un padre que había traído a su hijo para examinar y cómo entristeció al ver que su niño simplemente fallecía, llamándolo hasta el último momento. Sentía tanta compasión por ellos, y al mismo tiempo pensaba que sería la siguiente en irme.
Las personas hospitalizadas morían uno después de otro, yo estaba muy angustiada y oré en mi corazón para que mis padres vinieran a llevarme a casa. Finalmente mi padre vino al hospital y volví a casa. Eso fue 5 días después de la bomba.
Supe por mi padre que Hiroshima había sido completamente devastada por una sola bomba y miles de personas, incluyendo a mi hermana, se quemaron severamente. Sus caras estaban tan hinchadas que no podían identificarse. Fue muy duro para mi padre encontrar a mi hermana, él gritaba fuertemente, “estoy buscando a Emiko Nakamae” Y una voz débil se oyó a sus pies y dijo, “Papá, estoy aquí”. Mi hermana simplemente estaba a los pies de mi padre. Su cuerpo entero estaba quemado y sus ojos no se abrían. Sólo pudo identificarla por su distintiva voz. Finalmente pudo encontrarla, pero pronto falleció. Siempre pienso sobre cuánto mi hermana habría querido ver la cara de papá, siento mucha compasión por ella. Debido al bombardeo atómico, todas las estudiantes de la Primera Escuela Secundaria de Señoritas murieron, incluyendo a mi hermana. 7 días después del bombardeo, finalmente regresaba casa.
Durante la semana estuve en el hospital de la Isla Kanawa, siempre me había animado diciendo, “no voy a morirme porque volveré casa”. Sin embargo en cuanto volví a casa padecí de fiebre alta. Mi salud empezó a deteriorarse. Las encías empezaron a sangrar y tenía muchas manchas purpúreas por mi cuerpo. También mi pelo se cayó gradualmente, vomité muchas veces, y debido a la fiebre alta, las cicatrices de mi cara comenzaron a ulcerarse y los gusanos se arrastraban por ella. Mis padres estaban tan angustiados que aunque volví a casa pensaban que no viviría mucho tiempo. Ellos siempre me cuidaron mucho
Yo estaba seriamente angustiada por las heridas de mi cara. No importa cuántas veces les pregunté a mis padres por mi cara, ellos sólo decían, “no te preocupes. Para ti, la prioridad es mejorarte, no tienes que preocuparte por nada”. Ellos no me dijeron nada sobre mi cara.
Dos meses después me recuperé substancialmente. Un día mis padres salieron, dejándome sola en casa, desde que había sido herida nunca me habían permitido verme en el espejo. Sin embargo, ese día saqué el espejo y me miré. Quedé horrorizada, no podía creerlo.

"Tú eres afortunada de estar muerta... "


Nunca pensé que tendría la cara como la de un fantasma. Estaba profundamente cortada desde la mejilla izquierda hasta la mandíbula y mi ojo izquierdo había desaparecido. Debido a que los párpados estaban tan delicados y no estaban cerrados por el tratamiento médico, mi ojo izquierdo quedaba abierto como un agujero grande como un puño. También del ojo derecho a la nariz estaba profundamente cortada. Había sido completamente desfigurada, no podía creer esto, seguía llorando por mi infortunio. Había estado animada y mejorando, pero quedé tan horrorizada al ver mi cara en el espejo así que no quería creer que tendría que vivir con una cara tan desfigurada. Hablaba a gritos con la fotografía de mi hermana, “Tú eres afortunada de estar muerta. Es duro para mí vivir”.
Pude sobrevivir milagrosamente a la bomba atómica, sin embargo, después de quedar completamente desfigurada, no sé cuántas veces deseé haber muerto y cuántas veces deseé que la Srta. Wakita no hubiera salvado mi vida.
Pero ahora, realmente tengo una profunda gratitud a la Srta. Wakita por estar viva hoy. Ella murió el 30 de agosto de 1945. Me siento profundamente afligida de que no pudiera vivir ni un mes después del bombardeo y que muriera tan joven, tenía alrededor de 20 años. Siento que no podría decirle cuánto le agradezco por salvar mi vida. Al haber estado expuesta cerca del hipocentro de la bomba atómica estaba convencida de que padecería cáncer en el futuro. Y efectivamente, sufrí dos cánceres en el útero y el pecho. Pero yo me animé diciendo que tendría que vivir por la vida de la Srta. Wakita así como por la mía. Para pagar mi deuda empecé contando mi experiencia a los estudiantes que visitan Hiroshima en sus excursiones escolares. Yo continuaré contando mi historia para transmitir la tragedia del bombardeo atómico, así como para comprender la necesidad de la abolición nuclear y por un mundo pacífico.

 

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