Cultura Marcial

Renshinkan Dojo - Kendo Iaido

La prisión

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Imagínate a un hombre que tiene que rescatar a gente de cierta prisión. Se ha decidido que sólo hay un modo plausible de llevar esto a cabo.

El libertador tiene que entrar en la prisión sin atraer la atención. Debe permanecer allí relativamente libre para actuar durante cierto período. La solución escogida es que entrará como convicto.
Por consiguiente, hace los preparativos, oportunos para que le capturen y le sentencien. Como otros que han caído víctimas de este sistema, se le envía a la prisión que es su meta.
Cuando llega, sabe que se le ha despojado de cualquier posible dispositivo que le pudiese haber ayudado en una escapada. Todo lo que posee es su plan, su ingenio, su habilidad y su conocimiento. Por lo demás, tiene que arreglárselas con equipo improvisado, adquirido en la propia prisión.
El mayor problema es que los prisioneros sufren de psicosis carcelaria. Esto les hace pensar que su prisión es el mundo entero. Otra característica es el olvido de partes esenciales de su pasado. Por consiguiente, casi no poseen memoria alguna de la existencia, perfil y detalle del mundo exterior.
La historia de los compañeros de prisión de este hombre es una historia carcelaria. Sus vidas son vidas carcelarias. Piensan y actúan en base a ello.

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¿Por qué los camellos no tienen alas?

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Realmente, dijo Nasrudín a su esposa, cada día que pasa quedo más convencido de la sabiduría de la naturaleza. Me maravilla su organización y la forma en que planea los acontecimientos y la evolución, para que sean de ayuda a la humanidad.
Su esposa no entendió y le pidió explicaciones más concretas:
Es muy fácil de ver, mujer,... ¿acaso no has observado, por ejemplo, que la naturaleza ha hecho que los camellos no tengas alas?
Pero no entiendo de qué forma ayuda ese detalle a los seres humanos, respondió la esposa.
¿No te das cuenta? Si los camellos tuvieran alas podrían subirse a las torres y anidar en los techos. Eso destruiría nuestras edificaciones, sin mencionar el ruido y las molestias que nos causaría su rumia continuada.
Y la esposa no encontró palabras, ni ganas de rebatir tal razonamiento.

 

(escuchado en una conferencia informativa sobre Intuición e Inteligencia Emocional)

El encuentro con el diablo

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Cierto hombre devoto, convencido de que era un sincero Buscador de la Verdad, emprendió un largo curso de disciplina y estudió.
Tuvo numerosas experiencias, bajo diversos maestros, tanto en su vida interna como en su vida externa, durante un considerable período.
Un día estaba meditando cuando, de repente, vio al Diablo sentado a su lado: -¡Lárgate, demonio! -exclamó-, no tienes poder para dañarme, ya que sigo el sendero de los elegidos.
La aparición se desvaneció, pero un hombre realmente sabio que pasaba a su lado le dijo tristemente: -Ay, amigo mío, has injertado el esfuerzo sobre bases tan inseguras, como son tu temor, tu codicia y tu autoestima, que has llegado a la última experiencia posible.

-¿Y cómo es eso? -preguntó el buscador.

-Ese diablo es, en realidad, un ángel. Diablo es únicamente como tu le viste. En adelante será mejor que recuerdes a menudo este proverbio: "Valiente es el ladrón que lleva una lámpara en su mano".

(Este cuento aparece en varias recopilaciones de relatos de la tradición sufí.)

El valor de la estatua

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En cierta ocasión, entre las colinas vivía cierto hombre que poseía una estatua tallada por un anciano maestro. Estaba apoyada al lado de la puerta, con la cara contra el suelo. Y él nunca se fijaba en ella.

Cierto día pasó junto a su casa un hombre de la ciudad, un sabio. Y viendo la estatua, preguntó al dueño si la vendía. El dueño respondió riéndose: Quién va a querer comprar esa estatua horrible y sucia. Y el hombre de la ciudad contestó: Te doy por ella esta moneda de plata. El otro quedó estupefacto, pero contento.

A lomos de un elefante trasladaron la estatua a la ciudad. Y al cabo de varias lunas el hombre de las colinas visitó la ciudad; caminando por las calles vio una gran multitud ante una tienda y a un hombre que a voz en grito chillaba: ¡Venid, acercaos y contemplad la estatua más hermosa, más maravillosa del mundo. Sólo cuesta dos monedas de plata contemplar la más maravillosa de las obras maestras.

El hombre de las colinas dio al punto las dos monedas de plata y entró en la tienda para contemplar la estatua que había vendido por una sola moneda.

 

(Del libro "El Vagabundo" Gibrán Jalil Gibrán. Ediciones Jucar.)

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