Cultura Marcial

Renshinkan Dojo - Kendo Iaido

Mudra en las Artes Marciales

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Mudra en las Artes Marciales

por Wayne Muromoto

 

Una de las cosas más curiosas que encontré en mi entrenamiento en artes marciales fue el uso de mudra en artes combativas. Mudra (en japones: in) para aquellos que no están familiarizados con el tema, son esos extraños gestos hechos con las manos derivados del budismo esotérico (mikkyo), particularmente las sectas Tendai y Shingon. Se supone que estos gestos generan enfoque y potencia espiritual los cuales son manifestados externamente de alguna manera.

 

Desafortunadamente para la mayor parte de los artistas marciales en el budo moderno (sendas marciales) mudra no es parte del entrenamiento. Mayormente el budo “moderno” está basado de alguna forma en conceptos modernos de educación física y entrenamiento deportivo y no incluye, a menos que un maestro en particular sea sea el/ella misma adherente de alguna secta Budista, el uso de rituales esotéricos Budistas como mudra, mantra (recitados de palabras de poder) y mandala (inscripciones, pinturas o patrones que pueden crear energía espiritual). De este modo mudra esta ausente, en general, en judo, kendo, iaido, kyudo, karatedo y aun aikido tal como se formula actualmente.

 

Ueshiba Morihei, el fundador de aikido, fue devoto de una secta Shinto llamada Omoto-kyo, la cual hacia uso de algunos rituales inusuales, incluyendo el uso de chinkon y kotodama y varios ejercicios corporales para generar poder espiritual, pero generalmente, en mi opinión, la mayoría de la naturaleza esotérica del aikido remite a Omoto-kyo y a los rituales esotéricos Shinto.

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Todos tenemos grietas

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Un cargador de agua de la India tenía dos grandes vasijas que colgaba a los extremos de un palo y que llevaba encima de los hombros.
Una de las vasijas tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el agua al final del largo camino a pie desde el arroyo hasta la casa de su patrón, pero cuando llegaba, la vasija rota solo tenía la mitad del agua.
Durante dos años completos esto fue así diariamente, desde luego la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque solo podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación.
Después de dos años, la tinaja quebrada le habló al aguador así, diciéndole:
"Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas solo puedes entregar la mitad de mi carga y solo obtienes la mitad del valor que deberías recibir."
El aguador, le dijo compasivamente: "Cuando regresemos a la casa quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino."
Así lo hizo la tinaja. Y en efecto vio muchísimas flores hermosas a lo largo, pero de todos modos se sentía apenada porque al final, solo quedaba dentro de si la mitad del agua que debía llevar.
El aguador le dijo entonces "¿Te diste cuenta de que las flores solo crecen en tu lado del camino? Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré semillas de flores a todo lo largo del camino por donde vas y todos los días las has regado y por dos años yo he podido recoger estas flores para decorar el altar de mi Maestro. Si no
fueras exactamente como eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza."
Cada uno de nosotros tiene sus propias grietas. Todos somos vasijas agrietadas, pero debemos saber que siempre existe la posibilidad de aprovechar las grietas para obtener buenos resultados.

Las tres rejas

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El joven discípulo de un sabio filósofo llegó a casa de éste y le dice:

-Oye, maestro, un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia...
-¡Espera! lo interrumpe el filósofo-. ¿Ya has hecho pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?
-¿Las tres rejas?
-Sí. La primera es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?
-No. Lo oí comentar a unos vecinos.
-Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?
-No, en realidad no. Al contrario...
-¡Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?
-A decir verdad, no.
-Entonces -dijo el sabio sonriendo-, si no es verdadero, ni bueno ni necesario, enterrémoslo en el olvido.

 (Origen desconocido)

La prisión

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Imagínate a un hombre que tiene que rescatar a gente de cierta prisión. Se ha decidido que sólo hay un modo plausible de llevar esto a cabo.

El libertador tiene que entrar en la prisión sin atraer la atención. Debe permanecer allí relativamente libre para actuar durante cierto período. La solución escogida es que entrará como convicto.
Por consiguiente, hace los preparativos, oportunos para que le capturen y le sentencien. Como otros que han caído víctimas de este sistema, se le envía a la prisión que es su meta.
Cuando llega, sabe que se le ha despojado de cualquier posible dispositivo que le pudiese haber ayudado en una escapada. Todo lo que posee es su plan, su ingenio, su habilidad y su conocimiento. Por lo demás, tiene que arreglárselas con equipo improvisado, adquirido en la propia prisión.
El mayor problema es que los prisioneros sufren de psicosis carcelaria. Esto les hace pensar que su prisión es el mundo entero. Otra característica es el olvido de partes esenciales de su pasado. Por consiguiente, casi no poseen memoria alguna de la existencia, perfil y detalle del mundo exterior.
La historia de los compañeros de prisión de este hombre es una historia carcelaria. Sus vidas son vidas carcelarias. Piensan y actúan en base a ello.

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